Natalie Wood, el precio de la fama

Natscha Gurbin

Belleza, talento y tragedia definen a la eterna María, a la que cantaba, perdidamente enamorado, el protagonista de “West Side Story”. Y es que, aunque Natalie Wood protagonizó numerosas películas, su papel en esta recreación musical moderna de “Romeo y Julieta” embaucó al público e inmortalizó aquellos ojos tristes que llenaban la pantalla.

Natascha Gurdin, nombre verdadero de la actriz, vino al mundo el 20 de julio de 1938 en San Francisco (California). Su padre, un emigrante ruso, había cambiado su nombre (Nokolai Zacharenko) por uno más americano (Nicholas Gurdin). La vida de Natalie estuvo marcada por la influencia de su madre, María Kuleff, antigua bailarina clásica que quería que su hija lograse aquello que ella no fue capaz: conquistar Hollywood y, por lo tanto, el corazón de los norteamericanos. De hecho, cuando nació la pequeña, una gitana le predijo que su hija iba a enamorar al mundo entero y le advirtió de que debería tener cuidado con las “aguas oscuras” (la actriz sentía verdadera animadversión hacia el mar).

Con tan sólo cinco años, empujada por su madre, se introdujo en el rodaje de “Happy land”, película dirigida por Irving Pichel, y se sentó en el regazo del cineasta. La niña dedicó una canción a Pichel quien, fascinado, le ofreció un pequeño papel en el film. Era el comienzo de la carrera artística de una estrella. Dos años más tarde, el mismo director la contrató para “Mañana es vivir”, una ambiciosa producción en la que utilizó por vez primera el nombre que la catapultaría a la fama: Natalie Wood.

La pequeña fue alabada por la crítica y el público, que la precipitaron a una intensa vida que discurrió entre rodaje y rodaje. En 1947 firmó un contrato con la FOX por 1000 dólares semanales: Natalie era una de las estrellas infantiles mejor pagadas. Trabajó con los mejores (Orson Welles, Bette Davis, James Stewart…) en films como “La estrella” o “El fantasma y la señora Muir”. La pequeña no tenía tregua ni descanso, pues su ambiciosa madre firmaba contrato tras contrato. La frialdad de aquella mujer no tenía límites: en una ocasión, Natalie debía rodar una escena en la que caía al río. Sólo pensar en ello atemorizaba a la niña y, ensayando, se rompió una muñeca. La madre ocultó la fractura a todo el mundo ya que no quería que aquel incidente repercutiese en sus beneficios.

En esta ajetreada carrera, Natalie cosecharía gran éxito con la película “Rebelde sin causa”, en la que compartió cartel con el mítico y malogrado James Dean (de hecho, fue el actor el que la propuso para el papel después de haber trabajado con ella en televisión). Por esta intervención, fue nominada por primera vez a los Óscar como mejor actriz de reparto.

A pesar de que la prensa rosa la relacionaba con James Dean, por entonces su confidente de alcoba era Nicholas Ray, director de la cinta. Ella tenía 16 años y él 43.

Según la escritora Suzanne Finstad, en esta época, la joven fue violada por un importante actor de Hollywood, episodio que su madre prefirió esconder al mundo entero.

Con “Esplendor en la hierba” llegaba la segunda nominación a los premios de la Academia, película a la que siguió la exitosa y archiconocida “West Side Story”.

En 1957 se casó con su compañero de profesión Robert Wagner, con quien parecía haber conseguido la estabilidad sentimental. No fue así. El matrimonio se divorció en 1962: Natalie se enamoró de Warren Beatty y Robert fue presuntamente descubierto en actitud cariñosa con otro hombre.

En 1969 se volvía a casar con el productor Richard Gregson, con el que tuvo a su hija Natasha. Sin embargo, tampoco esta pareja prosperaría: en 1971 anunciaban su divorcio y, un año más tarde Natalie contraía matrimonio por segunda vez con su primer esposo. Con Wagner, tuvo a su hija Courtney.

Fue durante el rodaje de “Proyecto Brainstorm” cuando tuvo lugar el fatídico suceso que la convirtió en leyenda: Natalie, que había estado bebiendo y discutiendo con su esposo, se ahogó en el mar, cumpliéndose así el presagio de la gitana. Natalie Wood dejaba esta vida con tan sólo 43 años.

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