Niccolò Paganini, virtuoso del violín

Niccolo Paganini

Dicen que era un soberbio incurable, pero nadie pudo jamás poner en cuestión su virtuosismo en el violín. Niccolò Paganini no sólo fue un excelso intérprete, de oído absoluto y técnicas revolucionarias en el uso del staccato y pizzicato, también está considerado como uno de los más grandes compositores de todos los tiempos.

Dicen las crónicas que nació en Génova, el 27 de octubre de 1782. Comenzó a estudiar la mandolina a los cinco años, asesorado por su padre, Antonio Paganini. A los siete se volcó de lleno al violín, a los nueve hizo su primera aparición en público y a los trece ya protagonizaba giras artísticas por la región de Lombardía. Un verdadero niño prodigio, aún así, nadie la daba demasiado crédito.

A los dieciséis había cosechado fama, pero su inclinación por el alcohol y los excesos castigaban fuerte su imagen. Se comenta que vivía ebrio, y era muy complicado tratar con él. Una mujer -una amante anónima- le ofreció una vida distinta en su quinta, donde aprendió a tocar la guitarra y el piano. Ella fue gran responsable de su cambio de actitud.

Para 1801 ya había compuesto más de 20 piezas clásicas. Y en 1805 fue elegido director musical en la corte de Maria Anna Elisa Bacciocchi, princesa de Lucca y hermana de Napoleón. Para 1813 comenzó una serie de giras que terminaron de impulsarlo como figura determinante de aquellos años. Recorrió Viena, Londres y París, donde conoció al pianista y compositor húngaro Franz Liszt, quien se maravilló con su dominio técnico y trabajó en el piano una línea estética emparentada.

En 1834 dejó de lado las giras para dedicarse exclusivamente a su carrera de concertista. Su técnica se había desarrollado a tal punto que el público llegó a creer que estaba poseído por el demonio. Paganini solía arrancarle en plena función las cuerdas a su instrumento y continuar sonando como si no hubiese sucedido nada. Además, fue uno de los primeros en utilizar la improvisación.

Cuando cumplió 55 años su salud comenzó a deteriorase sensible consecuencia de un cáncer de laringe. Falleció en Niza, el 27 de mayo de 1840. Dejó como legado un catálogo de obras incluye veinticuatro caprichos para violín solo, seis conciertos, ocho sonatas y más de 200 piezas para guitarra.

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