Semíramis, reina de Asiria

Semiramis

A pesar de los relatos repletos de exageración, fantasía y leyenda, Semíramis, una de las soberanas más poderosas de la historia antigua, fue un personaje real. Pero ¿ qué crédito puede darse a la historia de alguien cuya existencia tuvo lugar hace miles de años?

Algún cronista ha afirmado que Semíramis vivió alrededor del año 1950 a.c., más o menos 400 años después del Diluvio Universal y casi durante el tiempo de Abraham. Otros, sin embargo y tal vez más acertadamente, sitúan su reinado unos 600 años más tarde, lo que la haría contemporánea con Gedeón, rey de Israel, y Teseo, rey de Atenas.

Semíramis nació en Ascalon, Siria, y fue la esposa de Oannes, uno de los generales de Nino, rey de Asiria. Durante el asedio a Bactres, a donde acompañó a su marido, se distinguió por su prudencia, valentía y sagacidad. Estas cualidades no solo propiciaron la conquista de la ciudad, sino que el rey Nino se enamorase de ella.

Como estaba casada con Oannes, el rey obligó a éste a renunciar a su mujer a cambio de su hermana, la princesa Sosana, advirtiéndole que si no aceptaba el trato, le arrancaría los ojos. Oannes, al darse cuenta de que Nino estaba resuelto en sus propósitos, y ante la alternativa de perder los ojos o perder a su esposa, fue presa de la desesperación y acabó suicidándose. Inmediatamente, el rey tomó como esposa a la joven viuda. Engendraron un hijo, Ninias, y poco después el rey Nino murió (algunos cuentan que Semíramis lo despachó), dejando el trono a la dos veces viuda, dado que su hijo era menor de edad.

La joven reina contaba con tan sólo veinte años cuando asumió la tarea de regir el imperio. Semíramis decidió inmortalizar su nombre con magníficas y majestuosas construcciones. Ella fue la que fundó Babilonia, una de las grandes maravillas de la antigüedad. Entre los edificios que mandó erigir, cuentan que existió un mausoleo con estatuas de oro puro, dedicado a su esposo el rey, y que se situaba junto a la mítica Torre de Babel.

Semíramis ordenó construir enormes acueductos, conectando distintas ciudades con caminos y calzadas. Niveló colinas y llenó valles, y tuvo especial cuidado de inscribir su nombre y alabanzas en todas sus obras. Como no podía ser de otra manera, y al estilo de los monarcas de su época, la reina renegó de su carácter plebeyo y se atribuyó una parentesco divino, llegando a afirmar que era descendiente de tanto de Júpiter como Saturno.

Se ha dicho que Semíramis era una mujer extremadamente activa y vigilante en la administración de sus asuntos de estado. Una mañana, mientras realizaba su aseo personal, fue informada de que una rebelión había estallado en la ciudad. Sin dudarlo, salió a medio vestir y sin peinar, y apareció ante la multitud a la que convenció con su elocuencia. Nada más terminar, regresó para continuar con su rutina de aseo diaria.

Esta soberana sometió a los Medas, los Persas, los Libaneses y los Etíopes. Incluso se propuso invadir la India. Pero este proyecto fracasó. Durante una de las batallas contra el ejército indio, la reina fue herida y tuvo que regresar a su palacio junto con lo poco que quedaba de su colosal ejército.

Entre las varias hipótesis sobre el final de su vida, la más plausible cuenta que el Oráculo había predicho que Semíramis debía reinar hasta que su hijo conspirase contra ella. Y justo después de su regreso de la India, la reina descubrió la traición de Ninias. Se cuenta que decidió abdicar en él y se retiró del mundo. Otras versiones relatan que Ninias ordenó su ejecución después de un reinado que duró cuarenta y dos años.

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