Lou Andreas-Salomé, gigante entre gigantes

lou andreas-salomé

«No represento ningún principio, sino algo más maravilloso, algo que uno lleva dentro, cálido, que grita de alegría y que pugna por salir».

Quien así se expresa es Lou Andreas-Salomé. Mujer seductora y fascinante, escritora y ensayista, intelectual, musa de poetas y filósofos, ella misma autora algunos buenos versos, Lou (Lousie) Andreas-Salomé fue ante todo una mujer libre. Su vida girará en derredor de grandes hombres y, sin embargo, ella se cuidará mucho de preservar lo único verdaderamente irrenunciable: su independencia.

Hay algo mágico en esta hija de respetabilísimo general ya desde su nacimiento, ocurrido el 12 de febrero de 1861. La fecha es (casi) coincidente con la abolición de la esclavitud en Rusia: La estrella de la libertad, pues, es su comadrona, y Lou no renunciará jamás a la búsqueda de su noble estela.

La familia vivía en San Petersburgo, en el ala oriental del edificio del Estado Mayor, enfrente del Palacio de Invierno. Gustav von Salomé, de ascendencia alemana, era un general con una intachable hoja de servicios. Cuando Lou nació hasta el mismo zar envió un telegrama de felicitación.

Pero la única hija de entre seis hermanos (ella era la menor) comprendió pronto que su destino no estaba ligado al de la alta sociedad cortesana. Mientras que la sociedad rusa empezaba a dar muestras de agitación (atentados contra las autoridades, explosión de bombas…), aunque todavía lejos de presentir la futura revolución, la adolescente hija del general se enfrentaba a sus propias turbulencias.

En su camino, Lou perdió la fe definitivamente a los diecisiete años. Acto seguido rompe toda relación con la Iglesia. Lo hace cuando la tumba del padre estaba todavía caliente. El shock sufrido por su piadosa familia fue enorme. La madre intentaría en los años siguientes traer a la hija díscola a la senda de la sensatez (viaje de ambas a Zurich), pero resulta que Lou había decidido ya desplegar sus hermosas alas.

Aunque los hombres subyugados por el talento de esta rusa se contarán por decenas, hay tres nombres que jalonan las etapas de su vida y que, por así, decir, otorgan una curiosa dirección a lo zigzagueante de su biografía.

En marzo de 1882, Paul Rée escribió a su amigo F. Nietzsche que había conocido en Roma a una encantadora joven. Cuando Nietzsche irrumpió en Roma, semanas después, se dirigió hacia Lou, y haciendo una pequeña reverencia dijo: ¿Qué estrellas nos han traído hasta aquí?… Pero las cosas no salieron al final como, quizá, Nietzsche había pensado. El alemán le pidió matrimonio en dos ocasiones, y Lou lo rechazó porque, aunque se sentía cautivada por su genio, no lo amaba. Al final, la rusa se fue a vivir con Rée a Berlín. El amigo de Nietzsche también se había enamorado. Lou, sin embargo, no pudo darle más que su amistad.

En 1887 Lou se casa con un catedrático de lenguas orientales. F. Carl Andreas se intentó suicidar delante de Lou ante las negativas de ésta a aceptar su mano. La joven tuvo que ceder. Sin embargo, tal como se decía tiempo ha, el vehemente erudito no conoció carnalmente a su bella esposa. Muy por el contrario, Lou mantendría relaciones extramatrimoniales, entre las cuales destaca la unión con el poeta Rainer (en origen René) Maria Rilke, catorce años más joven. Se conocen a finales de 1897 y llegarán a estar muy unidos. Juntos vivirán experiencias inolvidables y no tanto (como la accidentada visita al viejo Tolstói), aunque cuando Rilke fallece (diciembre de 1926) hacía ya tiempo que su único contacto era epistolar.

El 21 de septiembre de 1911 se celebró en Weimar el Congreso de la Asociación Psicoanalítica Internacional. Allí, Lou fue presentada a Sigmund Freud. Decidida a internarse por el complejo mundo del psicoanálisis, entre Freud y Lou se estableció un fuerte vínculo intelectual.

Finalmente Lou Andreas-Salomé morirá el cinco de febrero de 1937 en su casa de Gotinga considerando, probablemente, que cerrar los ojos para siempre ante el mundo sombrío que se extendía aquellos días como la sombra de un fantasma (los nazis llevaban cuatro años en el poder) no era lo peor que podría sucederle.

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