El temprano final de Arthur Rimbaud

Arthur Rimbaud

Paul Verlaine y Arthur Rimbaud

Habíamos dejado al imberbe ángel maldito a punto de precipitarse en el abismo sin fondo de una experiencia integral del ser (reconozcamos que la perífrasis suena mayestática, ahora bien, la expresión pertenece a uno de los tantos comentadores que, andando el tiempo, le crecieron a Rimbaud alrededor de su tumba).

Tras dos intentos frustrados de fuga, Arthur consigue llegar a París en mayo de 1871. Es detenido nada más bajar del andén, cuando topa con un guardia que se extraña de verlo deambular con la facha que llevaba, y siendo tan joven. Se dice que en una celda común de la gendarmería fue violado por otros presos. Un poema célebre (Le coeur volé, El corazón robado) no sería sino testimonio indirecto y alegórico de tal experiencia. Debemos ser cautos, sin embargo. El propio Rimbaud se encargará, ante los poetas amigos de Verlaine, de sugerir episodios escabrosos de su biografía reciente que probablemente no se deban interpretar de un modo literal.

En mayo de 1871, desde Charleville, le envía a Paul Demeny la conocida como Carta del vidente. Sobre este jubiloso proyecto de alquimia verbal y texto fundacional de las estéticas modernas (en plural) se ha escrito tanto que nosotros no abundaremos.

A lo largo de 1871 ven la luz varios de sus poemas más celebrados de esta primera etapa (así, Le bateau ivre, El barco ebrio, cuya lectura deslumbraría en París a Verlaine y a sus amigos). Busca interlocutores en toda Francia entre los vates consagrados de su tiempo pero la mayoría reacciona, a las cartas que les envía, torciendo el gesto y demostrando una cortedad de miras solamente comparable a la hinchazón banal de su propio ego (poetastrillos…murmurá Rimbaud). Ah, sin embargo, uno pica el anzuelo. Mejor diríamos que comprende el original genio que alienta en los versos recibidos. Se trata de Paul Verlaine, gran poeta (aunque desigual) pese a todo, y que rápidamente cursa invitación para que el desconocido lo visite en París.

Unas notas sobre Verlaine: era diez años mayor que Rimbaud. Desde muy pronto muestra una tendencia a sufrir trastornos nerviosos (tal vez derivados en parte a una vivencia patológica de su sexualidad) y a caer en el alcoholismo. Su boda con Mathilde Mauté parece conducirlo a un equilibrio tanto físico como mental, además de garantizarle el sustento económico. Sin embargo, la llegada de un adolescente que vencía su timidez con exabruptos, y que parecía al mismo tiempo estar bendecido por las musas, acabará con el presunto idilio familiar. Voltaire desconocía la edad de Rimbaud. Cuando lo ve llegar sospecha por un momento que hay un error. En seguida se disipan las dudas y ambos entran una espiral continua y fascinante que culminará en el drama de Bruselas.

En el verano de 1872 ambos parten hacia Bélgica. Desde allí, cruzan el canal de la Mancha y se establecen en Londres, malviviendo. En uno de sus muchos desencuentros, Verlaine abandona Londres, dispuesto (una vez más) a reconciliarse con su esposa. Rimbaud le escribe, disculpándose. Se reúnen al fin en Bruselas, donde se precipitan los acontecimientos y Verlaine acaba disparando sobre su amigo y amante. Las heridas causadas son leves, pero el escándalo se arma de todos modos. Verlaine es acusado de sodomía, humillado públicamente y encarcelado.

Ahora bien, las relaciones entre ambos poetas están llenas de malentendidos. Los afectos y emociones se suceden: amor, odio, desesperación, celos, arrepentimiento. Era Verlaine quien vivía estos estados de una forma más subjetiva, lo que no quiere decir que el muchachito de Charleville no llegase a amar a su descubridor, al contrario. Ocurre que en su escalada hacia la «poesía pura» de Iluminaciones, es difícil no ver en Rimbaud una especie de Demiurgo que modela los materiales existentes con los que crear una obra original. Un Demiurgo que vampiriza todo lo aprovechable que tenga a mano, incluidas las personas. Tampoco es desdeñable, a la hora de valorar las causas del desenlace, el carácter de «virgen peluda» pero cruel, repetitiva y sentimental, del propio Verlaine.

En 1873 se publica Una temporada en el infierno, libro superlativo. La repercusión fue cero. Más o menos por las mismas fechas o quizá un año más tarde, tomaban cuerpo sus fascinantes Iluminaciones (inéditas hasta 1886). Con estos dos libritos se creaba de golpe la poesía moderna. Después de componer, que no publicar, las Iluminaciones, Rimbaud calla para siempre. Este silencio ha levantado ríos de pólvora: el debate no ha cesado en nuestros días.

A partir de 1875, Rimbaud (al que Verlaine había llamado suelas de viento) trazará una curiosa y elástica danza de círculos concéntricos. Viajando durante meses por toda Europa para acabar volviendo al punto inicial: la granja familiar. Pero los círculos eran cada vez mayores, y se inclinaban hacia el sur. En 1878 está en Creta y desde 1880 se instala en África, en la geografía etíope, donde no es verdad que se hiciese traficante de esclavos.

Sólo volverá a Francia para morir en 1891. Enfermo, en un hospital de Marsella le es amputada una pierna, luego otra…la gangrena le gana la batalla al resto del cuerpo. Pasa sus últimos días postrado en una cama, inmovilizado, vencido, él, que tanto había amado el simple caminar, y sin sospechar siquiera los elogios que, en París, en Francia, en todo el Mundo, ya entonces su obra empezaba a suscitar.

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