Ana Bolena, la Reina de los mil días II

Ana Bolena

La subida al trono de Ana Bolena fue el comienzo de una revolución tanto religiosa como social, ya que ella convenció al Rey que siguiera en consejo radical y religioso de William Tyndale, el que desterraba la figura de papa y consideraba que un monarca tenía que llevar las riendas de la Iglesia. Además garantizó a Inglaterra una fuerte unión con un aliado ya que por ese entonces Ana entabló firmes relaciones con Francia consiguiendo una alianza entre ambos países.

Orgulloso de su esposa, Enrique VIII le cedió el marquesado de Pembroke convirtiéndola en la primera plebeya que fue noble por propio derecho. La familia Bolena también se vio muy beneficiada por la relación del rey con la joven.

Pero cuando Ana estaba embarazada de su primera hija, Isabel, Enrique tuvo amoríos con una joven de la corte, lío que enfureció a su esposa. La historia fue pasajera porque el rey no quería que nada alterase la tranquilidad de su mujer ni perturbara el embarazo. Más tarde, el 7 de septiembre de 1533, nació la primogénita del matrimonio real, que de mayor sería una gran soberana. Por ese entonces el papa había excomulgado a la pareja y la primera esposa de Enrique VIII había fallecido. Todo parecía volverse en contra de ambos y la tensión iba en aumento.

Pero los años de gloria fueron cortos y efímeros… Durante el entierro de Catalina, Ana sufrió un aborto y su esposo tomó este hecho como la confirmación de que el matrimonio estaba maldito por Dios. La relación comenzaba a derrumbarse y el rey se vinculó nuevamente a su joven amante, la cortesana Jane Seymour. Aprovechando los dichos de las malas lenguas que aseguraban que Ana le había hechizado para poder casarse con él, o quizás por celos, la mandó a encerrar en la Torre de Londres y así verse libre nuevamente y dar rienda suelta a sus amoríos.

No contento con esto comenzó un juicio contra su esposa en el cual la acusaba falsamente de adúltera y de mantener una relación incestuosa con su hermano Lord Roeford. Hoy día se sabe que tales afirmaciones eran totalmente falsas, no existe prueba alguna que las avale y los testigos habían sido sometidos a torturas con el fin de que declarasen contra Ana.

Thomas Cromwell, que en un principio fue aliado de Ana, se volvió en su contra y formó parte del complot para darle muerte. Torturó a varios hombres a los cuales les obligó a declarar que habían tenido relaciones carnales con ella así como también al hermano de la reina, que a pesar de negarlo todo, culparon de traición y de mantener una relación incestuosa durante más de 1 año.

Los hombres fueron ejecutados un 17 de mayo y la muerte se llevaría el alma de Ana dos días después. Antes de su sentencia la joven mujer parecía haber asimilado su destino y mostraba una irónica alegría comentando con sorna que al momento de decapitarla «No tendrán mucho problema, ya que tengo un cuello pequeño. ¡Seré conocida como La Reine sans tête (la reina sin cabeza).

El 19 de marzo Ana Bolena fue ejecutada y sus restos no fueron debidamente enterrados en un ataúd real, sino que fueron depositados en un arca alargada, bajo una tumba sin inscripciones, en la capilla de St. Peter ad Vincula. Al día siguiente de la ejecución, el rey desposaba a su tercera esposa Jane Seymour.

Tiempo después, bajo el mandato de la reina Victoria,  sus restos fueron identificados y el sitio donde está enterrado el cuerpo de la Ana Bolena está marcado con inscripciones en una lápida de mármol. Cuentan las leyendas que el espíritu de la joven Ana no encuentra sosiego y aún deambula por la torre de Londres en busca de justicia.

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