Josef Mengele, el angel de la muerte

Josef Mengele en 1935

Josef Mengele conocido también como el Ángel de la Muerte, fue otro seguidor de Hitler que en su nombre masacró, humilló y torturó a miles de personas con el fin de  saciar su perversa sed de conocimiento y a la vez complacer los anhelos científicos del Führer.

Nació en Günzburg, Baviera, el 16 de marzo de 1911, y era el hijo mayor de Karl y Walburga Mengele, un matrimonio de industriales de la alta sociedad. Josef, desde temprana edad, daba cuentas de su capacidad intelectual y constantemente afirmaba que cuando mayor debía hacer algo importante con su vida. Fue un joven muy aplicado a los estudios que mostraba un notorio interés por la ciencia, se licenció como antropólogo y médico, orientándose al estudio de la genética y la diferenciación de razas.

Mengele estaba completamente convencido de la superioridad de la raza aria y odiaba con todo su ser a los judíos, sentimiento que desplegaba sin tapujos. En el año 1937 se afilió al partido nazi y formó parte de las filas de la SS; durante unos años participó en el cuerpo de infantería para luego tomar el puesto de médico en los campos de concentración luego de que una herida en combate lo incapacitara para seguir luchando.

Fue por entonces que se lo envió al campo más grande y atroz, el de Auschwitz. Durante los 21 meses que duró su estancia en el lugar, Mengele masacró, torturó y usó como conejillos de indias para sus perversos experimentos a cientos de miles de judíos. Por sus maléficas y sanguinarias acciones fue que se le apodó como Ángel de la Muerte. Si bien muchos de sus colegas realizaban experimentos semejantes a los de Mengele con las «ratas judías», ninguno de ellos fue la mitad de lo vil y sádico de lo que él era.

Mengele mismo se encargaba de recolectar sus sujetos de estudio, esperaba pacientemente en el andén de la estación y cuando un vagón de tren con prisioneros llegaba a Auschwitz II seleccionaba a los candidatos salvándolos por el momento de las cámaras de gas pero deparándoles un destino mucho más doloroso y siniestro.

Tenía un sus manos el poder de decidir la vida o muerte de los atormentados judíos que caían en sus garras: con un desdeñado gesto separaba en dos hileras a los ejemplares aptos para la experimentación de los “inservibles” ,que partían hacia su sentencia de muerte.

Era un sádico perverso. En su persona había tanta maldad como la que emanaban todos los antisemitas juntos. Eran habituales sus actos de depravación sexual con las mujeres; ordenaba matar en las cámaras de gas a las presas víctimas de la violación de los guardias que quedaban embarazadas y por si fuera poco, como era bastante usual que dentro de los vagones de prisioneros quedasen madres muertas con sus bebés aún vivos, este ángel maléfico ordenaba arrojar al horno de la lavandería a las criaturitas para usarlas como combustible.

Tiempo después cambio de táctica, pero no por remordimiento ni nada semejante; vislumbró la gran idea de utilizar los bebés en sus experimentos, dejando que las mujeres parieran a sus hijos para luego vendarles los pechos, prohibirles darles de mamar y documentar como los niños morían de hambre en los brazos de las atormentadas mujeres.

Las atrocidades que Menguele cometió son miles, algunas de las cuales se las he comentado hoy y otras las conocerán en un próximo artículo…

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