Isabel II de España, biografía de una reina

Isabel II de España

María Isabel Luisa, nombrada como Isabel II de España e Isabel I de Borbón, nació en Madrid el 10 de Octubre de 1830, y era hija de Fernando VII y de su sobrina María Cristina de Borbón. Isabel llegó en el preciso momento en que el rey había restablecido el derecho de las mujeres, en el caso de no haber herederos varones, la llamada Pragmática. A los tres años de edad es nombrada Princesa de Asturias, y al fallecer su padre ese mismo año, pasa a ser la nueva regente en contra de la voluntad de su tío, Carlos María Isidro, quien se considera el legítimo heredero al trono. Esta disputa dará lugar a la Primera Guerra Carlista, que se prolongará entre 1833 y 1840.

Obviamente, Isabel II no ejerció como reina hasta cumplir la mayoría de edad, siendo su madre María Cristina la que cumplía esta tarea, además de defender a capa y espada el derecho al trono de su hija en contra de la opinión de los Carlistas. María Cristina tuvo que firmar una alianza con los liberales, en profundo desacuerdo con las ideas absolutistas de Carlos. Con el apoyo de los liberales se estableció un régimen semiconstitucional en 1834 (Estatuto Real), que desembocaría en la Desamortización de Mendizábal y la redacción de la Constitución liberal de 1837, lo cual debilitó considerablemente el poder de la Corona.

Afortunadamente para María Cristina, sus tropas, bajo el mando de Espartero, logran la victoria sobre los Carlistas entre 1839 y 1840. Pero la renuencia de la reina a aceptar un régimen liberal progresista termina con el exilio de María Cristina y la subida al trono del propio Espartero, quien reinará durante los tres siguientes años. España estaba dividida entre los Moderados (conservadores) y los Progresistas (Liberales), pero pese a sus diferencias se unieron para derrocar a Espartero y declarar a Isabel II como mayor de edad a los 13 años, para que ocupase de inmediato el trono. En estas difíciles circunstancias comenzó el reinado de la joven Isabel.

El reinado de Isabel II estuvo influenciado por sus preferencias por las corrientes políticas de los Moderados, en detrimento de los Liberales y en contra de su obligación de ser imparcial. Durante un periodo de 10 años, que fue conocido como la Década Moderada (entre 1844 y 1854), fueron llamados a formar parte del gobierno una vez tras otra, teniendo la capacidad de aprobar o rechazar las leyes que más les favorecieran. Con su apoyo, Isabel II logró el beneplácito del Papado y el reconocimiento como legítima soberana en 1845.

Esto desencadenó una fuerte respuesta por parte de los Liberales, que incluía movilizaciones callejeras y los pronunciamientos, en demanda de un mayor equilibrio en el gobierno. La imparcialidad de Isabel no era el único problema para la Corona, ya que la insatisfacción en su matrimonio con Francisco de Asís la llevó a rodearse de una nutrida camarilla de amantes, además de sus muchos consejeros, que mermaron aun más su capacidad para el mando. Esto la llevó a una grave situación de desprestigio ante el pueblo.

Tras una serie de revueltas, los Liberales lograron ganar posiciones en el gobierno bajo la influencia de Espartero, y lograron pasar dos años en el poder en lo que se llamó el Bienio Progresista, entre 1854 y 1856. Este periodo terminó de nuevo de manera violenta, y dando lugar a una nueva etapa en la que los Liberales quedaron en un segundo plano, siendo los dos partidos principales los Moderados y los Centristas de la Unión Liberal. Con el pacto de Ostende, firmado en 1866, los Liberales exigieron que Isabel II dejase el trono, por su conducta en contra de la voluntad del pueblo y a favor de sus propios intereses.

Dos años más tarde, en 1868, se produce una revolución que toma a Isabel por sorpresa en su retiro vacacional de Guipúzcoa, y se ve obligada a exiliarse en Francia. Desde su exilio abdica en favor de su hijo Alfonso XII, delegando la defensa de su dinastía real a Antonio Cánovas del Castillo. Isabel II volvió a España en el año 1876 pero irónicamente, sus diferencias con las ideas de Cánovas en cuanto al gobierno, le dejaron como única opción el volver a París, donde fallecería el 10 de Abril de 1904, tras haber sobrevivido a su marido y a su propio hijo Alfonso XII.

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