Calderón de la Barca, historia de nuestra Literatura

Pedro Calderón de la Barca

Calderón de la Barca, como Lope de Vega, como Quevedo, Cervantes o Góngora, forma parte del Olimpo de nuestros más insignes escritores, Historia aún viva de nuestra Literatura y parte de la época dorada de las Letras españolas.

Nacido en Madrid, el 17 de enero del año 1600, Pedro Calderón de la Barca y Barreda González de Henao Ruiz de Blasco y Riaño era de estirpe hidalga pues su padre era secretario del Consejo de Hacienda y su madre de familia noble. Su afección a la literatua clásica comenzó pronto, mientras estudiaba en el Colegio Imperial de los Jesuitas en Madrid. Con 14 años ya se matriculó en la Univesidad de Alcalá de Henares en Lógica y Retórica, y solo un año después en la de Salamanca en los estudios de Derecho Canónico y Civil.

Lejos de dirigir sus pasos hacia la carrera eclesiástica acabó, como una buena parte de los jóvenes de aquella época, dedicándose a la vida militar donde destacó su carácter pendenciero hasta entrar al servicio del duque de Frías con quien viajó por Italia y Flandes desde los años 1623 al 1625. Fue precisamente por esta época cuando comenzó a darse a conocer como dramaturgo, pues en 1623 escribió su primera comedia “Amor, honor y poder”.

Sus viajes con el duque no hicieron sino cultivar sus conocimientos mientras proveía a la Corte Real de Felipe IV de suficientes obras dramáticas que poco a poco fueron eclipsando la genial obra de otro autor de la época, Lope de Vega, con quien se labró una conocida enemistad originada quizás por su asalto al Convento de las Trinitarias donde se encontraba la hija de Lope.

En el año 1634 inauguró el Palacio del Buen Retiro con su obra “El nuevo Palacio del Retiro” mientras al mismo tiempo encumbraba su nombre en el terreno de las comedias donde sus piezas se representaban en los diferentes corrales comediantes de la época.

Apenas un año después lo nombraron director del Coliseo del Buen Retiro y al siguiente Caballero de la Orden de Santiago. Como Caballero de la Orden destacó en el Sitio de Fuenterrabía (1638) y en la guerra de Cataluña (1640) y solo dos años después se retira de la vida militar para entrar al servicio del Duque de Alba y unirse a la Orden Terciaria de San Francisco. Al fin, nueve años más tarde, vuelve al camino que había abandonado años antes y que tanto deseaban sus padres: en 1651 recibió la orden sacerdotal y fue nombrado Capellán del Rey en Toledo hasta que en 1663 se traladó definitivamente a Madrid donde lo nombraron Capellán de Honor.

Calderón de la Barca destacó sobre todo por sus comedias y por los autos sacramentales de las que escribió ciento diez y ochenta, respectivamente. Obra toda ella enmarcada dentro de un estilo barroco que ya había venido desplegando Lope de Vega, pero que él mismo perfeccionó siguiendo dos líneas paralelas pero complementarias.

En una primera, la de sus comedias más clásicas, más cercana a la del propio Lope, a su teatro realista y al mismo tiempo costumbrista, y en una segunda línea, la de las comedias más románticas, a una técnica más personal, ordenada y esquematizada. En ambos casos, Calderón ofrece menos personajes que hiciera Lope, pero casi siempre, ofreciendo una figura central en torno a la que giran todos los demás personajes de sus obras.

Es difícil destacar unas obras sobre otras, máxime dado lo prolífico que era, pero si hubiera que resaltar algunas, nos decantaríamos por las siguientes:

  • La vida es sueño
  • El alcalde de Zalamea
  • La dama duende
  • El gran teatro el mundo
  • La cena del Rey Baltasar
  • El médico de su honra
  • La hija del aire

En los últimos años de su vida su producción fue menor e incluso pasó por ciertos problemas económicos. Tras componer su última comedia, en el año 1680, Hado y divisa de Leónido y Marfisa, falleció en Madrid, en su casa de la calle Mayor, el 25 de mayo del año 1681 y enterrado en la Capilla de San José en la misma calle. En el año 1842 hubo de derrurise la iglesia y sus restos se traladaron a la Iglesia de San Nicolás, y más tarde al Panteón de los Hombres Ilustres y en el 1902 a la Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores. Sin embargo, la guerra civil española la dejó casi destruida y durante muchos años, los restos del escritor se dieron por perdidos y aunque actualmente se sabe la zona en la que están, no se conoce su localización exacta dentro de la iglesia.

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