Rembrandt, pintor holandés

Rembrandt

Pocos artistas hay más influyentes en la Historia de la Pintura que Rembrandt, uno de los principales autores del siglo XVII y elemento fundamental dentro del llamado Siglo de Oro holandés.

Su extensa y valiosa aportación le ha valido ser considerado el pintor más importante de la Historia de Holanda, además de uno de los más grandes maestros del Barroco.

Rembrandt Harmenszoon van Rijn nació en Leiden el 15 de julio de 1606 en el seno de una familia de molineros de clase media pero acomodada. Gracias a ello puede estudiar a una edad temprana ingresando primero en la Escuela Latina para después entrar en la Universidad de Leiden en el año 1620 con tan solo 14 años.

Sin embargo, su inquietud por las artes le hizo abandonar en poco tiempo los estudios universitarios, apenas un año después. Su pasión por la pintura le llevo a ser aprendiz de Jacob van Swanenburgh con quien estuvo tres años hasta que en 1625 marchó a Ámsterdam donde volvió a estar a las ordenes de otro pintor esta vez más reconocido, Pieter Lastman.

Lastman le dejó unas huellas más profundas que su primer maestro y lo inició en las técnicas italianas de la época, influencia que ya se nota en sus primeros cuadros, entre ellos “La lapidación de San Esteban“, obra que presentó ya de forma independiente después de haber abierto su propio taller en el año 1625 en Leiden adonde regresó.

Su fama fue extendiéndose a la par que se perfeccionaba su arte. Su evolución se notaba en el uso de los colores, pasando de los brillantes de su primera época a una mejor utilización de los tonos clarooscuros. Tal fue la fama alcanzada en los primeros años de su taller que incluso tuvo discipulos propios como Gerrit Dou.

1630 fue un año difícil en su vida con el fallecimiento de su padre. De nuevo decidió cambiar de ciudad para volver una vez más a Ámsterdam, la ciudad donde había desarrollado de un modo más importante sus primeros pasos en la pintura.

Los Países Bajos estaban en pleno auge económico. Era su siglo, los años en que su hegemonía se extendía por el mar incluso hasta las Américas. El poder economico comercial del país estaba asentando las bases para una buena infraestructura cultural que se abría por todo su territorio y, especialmente, por su capital, Ámsterdam, que en pocos años se convertiría en una de las más importantes ciudades del mundo.

El traslado de Rembrandt a esta capital fue un movimiento estudiado que le reportó grandes éxitos. Allí empezó a trabajar como retratista profesional y fue justo en esos primeros años en la ciudad cuando pintó su obra más reconocida, “Lección de Anatomía del doctor Tulp” (1632).

Lección de Anatomía del Doctur Tulp

Próspero y con el apoyo de importantes personalidades holandesas, como Constantin Huygens, estadista que le puso incluso en contacto con la familia real, su vida daba un nuevo giro cuando se casó, en el año 1634, con Saskia van Uylemburg, sobrina de su asociado en su nueva aventura en Ámsterdam, y poseedora de una magnífica dote. Este emparejamiento, unido a las magníficas relaciones que estaba estableciendo gracias a sus habilidades como pintor, le valieron entrar de lleno en la creciente burguesía holandesa, además de ingresar en la sociedad local de pintores.

Sus retratos adquirían cada vez mayor fuerza, y la temática religiosa era cada vez más frecuente en sus temas principales. Saskia, su mujer, además, se convertía en una de sus principales musas como lo demuestra en la aparición de un par de cuadros, como “Autorretrato con Saskia“. De estos años 30 son también los cuadros religiosos “El sacrificio de Isaac” o “El banquete nupcial de Sansón“, cuadros que se apoyaron en la comunidad del rico barrio judío al que se había trasladado por aquellos años.

Sin embargo, su creciente status económico contrastaba con su vida personal en la que sufrió varios reveses importantes: el fallecimiento de tres de sus hijos. En 1635 fallecía su hijo Rumbartus con solo dos meses de edad, y en 1638 era su hija Cornelia la que moría a las tres semanas de vida. En 1640 volvieron a tener otra niña a la que también pusieron por nombre Cornelia, pero, desgraciadamente, también falleció al cabo de un mes. En 1641 al fin, su cuarto hijo nacía, Titus, y éste sí, consiguió sobrepasar aquellas tempranas edades en que sus hermanos perdieron la vida. Pero lejos de dejar atrás sus desgracias, solo un año después, en 1642, fallecía Saskia, su esposa.

Aquel mismo año, la presentación de su último cuadro, “Ronda de noche“, no tuvo el éxito esperado como primer signo de que algo estaba cambiando en su vida. Los problemas personales parecían derivarse hacia el plano profesional, y en pocos años Rembrandt perdió cuanto había conseguido en los años anteriores.

Ronda de noche

En 1956 el pintor holandés estaba practicamente arruinado e incluso fue acusado por su niñera, Geertje Dircks, de haber incumplido promesas matrimoniales que según ella le había hecho. El juicio lo llevó a tener que pasarle una indemnización de 200 florines anuales.

Viviendo siempre por encima de sus posibilidades, finalmente Rembrandt se vio obligado a tener que vender sus cuadros y una buena parte de la colección de antigüedades que estaba atesorando.

Sin embargo, sus deudas iban a más y las ventas realizadas no cubrían los gastos, de modo que también hubo de vender su casa en el año 1660.

En los años anteriores rembrandt había iniciado su tercera relación sentimental, esta vez con su sirvienta Heindrickje Stoffels, con la que no llegó a casarse para no perder así la herencia que aún le correspondía de su matrimonio con Saskia.

Precisamente Heindrickje sería su mejor apoyo en aquellos años difíciles, e incluso, cuando por su situación económica el mismo gremio de pintores le dio la espalda prohibiéndole comerciar con arte, su amante se asoció con el hijo de Rembrandt, Titus, para montar un taller, en el cual trabajaría Rembrandt como empleado. Una especie de agencia artística desde laque pudo hacer varios encargos más que le hicieron desde el propio Ayuntamiento.

Vuelven los colores brillantes y deja de lado su abierto barroquismo. Obras como “La cena de Emaús“, “Los síndicos del gremio de pañeros” o “La novia judía” son de estos años.

Su pintura era fiel reflejo de su vida personal: los colores brillantes de los primeros años, cuando todo era ímpetu y ganas de mostrar su Arte; el caracter sombrío y sereno de los cuadros de sus años más duros y la madurez reflejada en las obras de sus últimos años.

La serenidad había vuelto a su vida con la compañía de Heindrickje, pero antes de marcharse de este mundo aún tuvo que vivir el fallecimiento de su amante en el año 1663 y el de su propio hijo, Titus, en 1668 (aunque éste le dejó una nieta). Apenas un año después, el 4 de octubre del año 1669, Rembrandt van Rijn falleció. Su cuerpo reposa en la iglesia Westerkerk de Ámsterdam.

De Rembrandt quedará para el recuerdo su genial estilo para los retratos, y su enorme capacidad para pintar grupos. Hoy, Rembrandt, es uno de los pintores más valorados y, sobre todo, la figura más prominente de la pintura holandesa.

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