Richard Wagner, maestro del drama musical

Richard Wagner

Richard Wagner forma parte de ese elenco de grandes compositores que vivirán eternamente a través de su música. Sus compases, como los de Listz, los de Mozart, o los de Brahms, se pasearán entre las cuerdas de los instrumentos de generaciones venideras, y pasarán años y años y sus acordes bailarán entre flautas y flautines, entre trombas y trombones, pianos y violines.

Curiosamente lo recordamos como compositor, pero Wagner era un autodidacta creativo que no solo se dedicó a componer magníficas partituras. También fue director de orquesta, ensayista, dramaturgo e incluso poeta.

Nacido en Leipzig, en Alemania, el 22 de mayo de 1813, su vida pronto se vio influenciada, en su más tierna infancia, por su padrastro, Ludwig Geyer, también actor y poeta, quien se había casado con su madre poco después de la muerte de su padre en un trágico accidente.

Las aficiones de su padrastro y sobre todo su pasión por el teatro le llevó a compartir con él incluso alguna obra en la que el joven Richard, por entonces, Richard Geyer, participó. Con los meses aprendió a apreciar las técnicas de interpretación y comenzó a aparecer en él cierta afición hacia el estilo gótico de las artes.

Con tan sólo 7 años, en 1820, ya fue inscrito en la escuela Wrtzel de Possendorf, cercana a Dresde, para aprender piano. Sin embargo, su habilidad no se compaginaba con su formidable oído. Pasó a la Escuela de Gramática de Kreuz, en Dresde, y allí alimentó sus ansias dramáticas donde comenzó a escribir su primera obra, “Leubald“, que decidió musicar.

Aunque sus primeras intenciones eran labrarse un futuro en las letras, influenciado por Shakespeare y Goethe, la 9ª sinfonía de Beethoven fue para él determinante guiándolo hacia el arte de los sonidos. Comenzó a asistir a óperas, y Beethoven y Mozart se convirtieron en sus nuevos ídolos, tanto que incluso escribió una transcripción de la novena sinfonía del primero, pero para piano.

Escribió sus primeras sonatas para piano y sus primeras oberturas orquestales, hasta que en 1829 asistió a una obra musical donde la soprano principal lo dejó totalmente cautivado. Él mismo afirmó después que aquel fue el punto de inflexión que lo llevo a practicar y difundir ensayos musicales que integraban música y drama.

En la Universidad de Leipzig comenzó a trabajar en varias obras hasta que en 1833, y ya como director de la orquesta de Wurzburg, compuso su primera ópera, “Las Hadas“, obra que curiosamente no se estrenó sino hasta después de su fallecimiento, en el año 1884.

Los años siguientes fueron bastante dubitativos en su vida, pues pasó por importantes problemas económicos producto del poco éxito de algunas de sus obras. También en aquellos años se casó con la actriz Christine Wilhelmine Planner, pero los devaneos amorosos de ella y las infidelidades no crearon el mejor caldo de cultivo para su creatividad, por entonces demasiado influenciada por los modelos de Weber o Meyerbeer.

La prohibición de amar” o “Rienzi“, sus siguientes obras no tuvieron demasiado éxito, pero en su regreso de Riga, adonde se había trasladado a vivir con su mujer, a Londres, una tormenta en el mar le inspiró una de sus más conocidas obras: “El holandés errante” que estrenaría en Dresde el 2 de enero de 1843.

Fue su primer gran éxito, y tras él, “Tannhäuser“, el 19 de octubre de 1845.

Sus círculos sociales fueron ampliándose, pero sus implicaciones políticas y su visión izquierdista de la sociedad le llevó a huir de Alemania en una época especialmente convulsa primero a París, para acabar residiendo en Zúrich.

En su ausencia, y dirigida por su amigo Franz Listz, se estrenó en el año 1850 su ópera “Lohengrim“, nuevo drama musical con el que se fue distanciando de aquel primer convencionalismo musical que fuera tan criticado.

Sin embargo, a pesar de su precaria situación económica, apartado de los círculos musicales alemanes donde se movían todos los grandes maestros de la época, tuvo la oportunidad de empezar a crear su gran obra y sentar las bases de su ciclo de cuatro óperas famosas que conformaban “El anillo del Nibelungo“, obras épicas todas ellas basadas en la mitología germánica.

En 1853 comenzó a componer “El oro del Rin“, la primera de las obras de la tetralogía, seguida un año después por “La valquiria” en 1854, pero cuando comenzó con la tercera de sus obras, “Sigfrido“, en 1856, la dejó momentáneamente de lado para meterse de lleno en una de sus obras más famosas, “Tristán e Isolda“, tras conocer a Schopenhauer, en cuyos textos se basó, y para quien supuso, en sus propias palabras, el momento más importante de su vida.

El compositor había adquirido su madurez productiva, y tanto con “El anillo de los nibelungos” como con “Tristán e Isolda” dio un giro importantísimo en la representación dramática musical de aquellos tiempos, al introducir lo que podría considerar como una obra completa de arte total en la que unen todos los lenguajes artísticos.

Sin embargo, la difícil constitución de la ópera “Tristán e Isolda” compuesta en 1859, provocó que su adaptación no fuera tan fácil, y hubieron de pasar seis años antes de que finalmente se estrenara en Múnich en 1865.

Fueron más años de penuria que se agravaron con la pérdida de su esposa en 1866.

No obstante, su grandiosa obra ya había calado hondo entre la alta sociedad y especialmente en el rey Luis II de Baviera quien se convirtió en su particular mecenas. Le pagó sus deudas y además le propuso la representación de varias de sus obras, entre ellas la de Tristán y la de los Nibelungos.

Instalado en Tribschen y ya viudo, el 25 de agosto de 1870 volvió a casarse, esta vez con Cósima, hija de Listz, de quien la separaban 24 años y con la que venía manteniendo una relación desde hacía años.

Al fin asentado, volvió a centrarse en la tetralogía del Anillo de los NIbelungos finalizando la obra “Sigfrido” que había dejado inacabada años atrás. El 13 de agosto de 1876 al fin se estrenó el ciclo completo de obras.

En 1877 Wagner comenzó su última obra, “Parsifal“, aunque hubo de trasladarse a Italia por motivos de salud. Su estreno, el 26 de mayo de 1882, fue el último de los estrenos a los que acudiría.

Aquejado de continuas anginas de pecho, el 13 de febrero de 1883 Richard Wagner falleció en Venecia, en un palacete situado junto al Gran Canal. Hoy, su cuerpo yace en el jardín de Wahnfried, su villa en Bayreuth.

Para el recuerdo queda la obra “La lúgubre góndola”, con la que Frank Listz, su suegro y amigo, quiso homenajear al compositor, cuando éste cruzo las aguas del Gran Canal, ya fallecido, en una góndola negra.

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