Georges Méliès, innovador del cine

George Melies

El cine es el canal para visualizar nuestros sueños más íntimos. La magia de este Arte está en lograr mostrar lo que por nosotros mismos no somos capaces de vivir. Lugares lejanos, historias deseadas, encuentros inesperados o aventuras en mundos mucho más allá de nuestras galaxias. Hoy, nuestros ojos se han acostumbrados a ver explosiones, saltos imposibles, naves futuristas y vidas en otros planetas. La digitalización ha dado un nuevo giro al mundo del cine facilitando el trabajo de quienes imaginan historias imposibles; tanto que el verdadero arte ya no se centra en la interpretación de sus actores, sino en la calidad de los efectos.

Pero no siempre fue así. En aquella lejana época en que no había ordenadores, había que recurrir a métodos hoy inimaginables para colorear los fotogramas o para crear efectos que cautivaran a unos espectadores ávidos de ese mundo nuevo. Fue ahí donde apareció la figura de Georges Méliès, el ilusionista del cine, que nació en París el 8 de diciembre de 1861. Familia de comerciantes del calzado, pronto comenzó a mostrar sus dotes para el dibujo, aunque problemas con el lenguaje se interponían en su también afición por el teatro. Acabaría así, inclinándose hacia el mundo del ilusionismo, campo al que terminó afiliándose gracias a Maskelyne, mago que dirigía el local de variedades “Egyptian Hall“, al que solía acudir.

Aunque durante un tiempo estaría trabajando con su padre en el negocio del calzado del que aquél era propietario, Méliès terminaría comprando su propio teatro, el “Robert Houdin“, en 1.888, donde combinaba tanto sus actuaciones como mago con la dirección del mismo, al mismo tiempo que era reportero y dibujante del periódico “La Griffe”.

George Melies

Su vida daría un giro radical cuando asistió, invitado por los hermanos Lumiére, a la primera presentación del Cinematógrafo. Viendo el éxito futuro de una máquina así, quiso comprar uno a los hermanos, pero éstos se negaron. Fue así como decidió construir el suyo propio para así aprovechar las posibilidades de su propio teatro, donde, al fin, el 5 de abril de 1896, proyectó su primera película.

Su obsesión con la cinematografía, y sus conocimientos del ilusionismo, le llevaron a invertir una gran cantidad de dinero en encontrar nuevos métodos de grabación, cada vez más sorprendentes. Fue así como se convirtió en el mago del cine, en el precursor de los efectos especiales aplicados al séptimo arte. A él se le debe el parado de la cámara (la cámara se detenía al mismo tiempo que determinados elementos del decorado, del cual se cambiaban otros elementos, de modo que cuando se volvía a grabar parecía como si éstos últimos desaparecieran y se cambiaban por otros), de la doble sobreimpresión o del coloreado a mano fotograma a fotograma.

Su producción fue abundante, con más de quinientas películas, de las cuales su mayor obra de arte, la que le hizo famoso fue Viaje a la Luna” (1902), en la que se ve como una bala de cañón se incrusta en el ojo de la Luna. Curiosamente, de esta película se hicieron copias en Estados Unidos, donde se comercializó y donde tuvo un enorme éxito, pero del que no pudo aprovecharse su creador original, Méliès. Desgraciadamente, eran años convulsos aquéllos de principios de siglo. Continuos enfrentamientos y tensiones sociales desembocaron en la Primera Guerra Mundial. Con ella se fueron las ilusiones de muchos europeos y entre ellos, del propio Georges Méliès, quien vio que su cine más bien satírico e incluso liviano, estaba desfasado y no era propio para una época tan violenta.

Durante ocho años estuvo pasando representación en uno de sus estudios cinematográficos pero aquel arte emergente, el cine, se había paralizado y finalmente, Méliès decidió abandonar aquella vida de sueños. Arruinado, en 1923 coincidió con la que había sido su musa cinematográfica y su principal actriz, Jeanne d’Alcy con quien se casó aquel mismo año. D’Alcy era propietaria de una pequeña tienda de juguetes en la estación de Montparnasse y desde entonces, juntos, regentaron aquella tiendecita.

Jeanne d’Alcy

Jeanne d’Alcy

Años después, en 1925, su obra comenzó a ser reconocido por su valor y su importancia dentro del mundo del cine y, finalmente, en el año 1931, le fue concedida la Legión de Honor.

Sus películas, que se creían perdidas, fueron recuperadas y restauradas poco antes de su fallecimiento, ocurrido en París el 21 de enero de 1938. Sus restos reposan actualmente en el cementerio de Père Lacheise, pero su nombre será recordado para siempre como uno de los grandes innovadores e impulsores del cine.

El tan recordado director de cine ha dado nombre al premio más glamouroso de Francia, el de la mejor película francesa, a la que cada año se le otorga el “premio Méliès“.

Os dejo con el vídeo de su película más conocida, “Viaje a la Luna”

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