Maximilien Robespierre, jefe del Terror

Robespierre

El apellido Robespierre ha quedado para siempre unido a los múltiples calificativos que la palabra Terror puede engendrar: sangre, horror, despotismo, amenaza, radicalismo… Curioso que un hombre que nació para hacer algo tan importante para su país, acabara rindindiéndose, como tantos otros políticos, a los placeres ocultos del poder.

Sus fuertes ideales, su tenacidad, su integridad y virtuosidad y, sobre todo, su fé en la democracia fueron tornándose poco a poco en un autoritarismo desmedido y en un egocentrismo descontrolado.

No tuvo Robespierre una infancia fácil. Nació en el seno de una familia de la baja burguesía, en Arrás, el 6 de mayo de 1758, y perdió a su madre a la temprana edad de 6 años poco después de dar a luz al cuarto de sus hermanos menores.

Su padre, abogado en el Consejo Supremo de Artois, e hijo de artesanos textiles, lo abandonó años después. Creció siendo un chico retraído y celoso de su intimidad, pero firme en sus convicciones y seguro del futuro que le esperaba.

Tras conseguir una beca se trasladó a París donde se graduó en Derecho y donde comenzó a alternar en círculos literarios y políticos.

Preocupado por un país prácticamente en quiebra, roto por los desordenes sociales y dividido por el poder de los nobles y el clero, estaba decidido a formar parte de los Estados Generales en los que ingresó en el año 1788 cuando el rey Luis XVI los convocó de urgencia después de 175 años sin funcionamiento.

La situación en Francia era oscura. La Hacienda Pública era un agujero sin fondo con un profundo déficit motivado por erróneas políticas económicas, mientras el pueblo llano iba hundiéndose en la miseria y las clases más altas disfrutaban de sus privilegios. El poder absoluto del Rey parecía tambalearse con el llamamiento de estos Estados Generales en los que se darían cita los tres poderes fácticos: la nobleza, el clero y el tercer estado, en lo que sería una representación meramente teatral, pues tras el deseo latente del pueblo de hacerse oir estaba el firme sistema de poder de un rey autocrático.

Robespierre, orador destacado, representaba a la burguesía y luchaba por la formación de una democracia auténtica, con sufragio universal, con una política garante de las libertades populares y una economía liberalizada.

En poco tiempo, su conocimiento de los vericuetos legales, su capacidad oratoria y, sobre todo, su fé inquebrantable en los poderes soberanos del pueblo lo alzaron en ídolo de masas, y tras la naciente necesidad de la elaboración e una Constitución para el país, y la consecuente formación de una Asamblea Constituyente que la elaborara, Robespierre se erigió en líder de los Jacobinos.

Frente a los Girondinos, la otra facción política, mucho más conservadores, en que se había dividido el país, Maximilien Robespierre luchaba por la paz exterior para arreglar los problemas internos. Los Jacobinos eran más radicales y promulgaban una Revolución dentro de la Revolución, un paso más para conseguir los derechos del pueblo soberano.

El intento de huida del Rey y su detención en Varennes, supuso un fuerte golpe para las creencias de Robespierre. Aunque defendía el sufragio universal y la soberanía popular, no estaba en absoluto en contra de la monarquía, no como clase gobernante, sino como representante del pueblo. Sin embargo, la huida de Luis XVI fue considerada como una traición para los intereses de Francia. Aunque prácticamente estaba ya sentenciado, el Rey había jugado sus últimas cartas: la Convención Nacional, con Robespierre como uno de sus mandatarios, decidió ejecutar a Luis XVI, hecho que se produjo el 21 de enero de 1793.

El radicalismo de Robespierre fue en aumento. Seis meses después era María Antonieta, la reina consorte, la decapitada en la temida guillotina y más tarde creado el Comité de Salud Pública, encargado de perseguir a quienes se mostraban contrarios a la Revolución y el nuevo Régimen. Comenzaba así el Reinado del Terror del que Marat, Robespierre y Danton eran sus máximos exponentes.

Marat sería asesinado por Charlotte Corday, y Danton mandado arrestar y ejecutar por Robespierre el 5 de abril de 1794. Robespierre quedaba solo al frente de la Convención Nacional.

Cientos de personas perecieron en aquel reinado del Terror, guillotinados. El temor y el hastío general se apoderaron de las calles de Francia y poco a poco el pueblo fue levantándose contra el nuevo gobiernos despótico que se les pretendía imponer.

La situación de deterioro en las calles llevó a que algunos miembros de la Convención lo acusaran públicamente de traición y de ejercer una política contraria a la que inicialmente se había previsto en los albores de la Revolución. El 27 de julio de 1794, un gran tumulto se formó en la asamblea que se había convocado, y Robespierre hubo de escapar, humillado.

Solo un día después fue formalmente detenido y ejecutado con 21 de sus compañeros más allegados en la Plaza de la Revolución, la que hoy es Plaza de la Concordia, por el mismo método que tanta fama le había dado: la guillotina.

Era el 28 de julio de 1794. Maximilien Robespierre fue arrojado a una fosa común en el cementerio de Errancis junto con los otros 21 ejecutados y sobre ellos esparcida una capa de cal viva a fin de que no quedara restos de sus cuerpos.

Desaparecía así el que podía haber sido un gran hombre en la historia de Francia, corrompido por aquello contra lo que tanto había luchado: la sed de poder.

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