Frank Liszt, virtuoso del piano

Franz Lizst

Frank Liszt, compositor y pianista húngaro, ocupa un lugar destacado e indiscutible en la música clásica. Nacido en 1811 en Raiding (Hungría), presenta una de las más fascinantes vida de quienes engrosan el elitista grupo de los grandes de la música. Su talento musical era objetivo , casi tangible y, sin duda alguno, encomiable. A Liszt lo rodeaba un aura de gran artista, sobre todo durante sus años mozos.

Romántico como pocos, Liszt fue lo que se considera un niño prodigio. Su destreza cautivó al mismísimo Beethoven, personaje poco pródigo en halagos.

Los recitales del joven Liszt tuvieron una gran acogida y, precisamente por esta razón, se trasladó, junto a su padre, a París. En la capital francesa reveló al mundo su única ópera “Don Sanche ou Le Château d’amour“. Corría el año 1825.

En la ciudad del amor entró en contacto con dos grandes artistas que habrían de dejar una importante huella en su carrera profesional: Héctor Berlioz y Niccolò Paganini. Liszt estaba empeñado en conseguir al piano la magia que el virtuoso Paganini lograba transmitir con su violín.

En 1834 conoció a Marie d’Agoult, condesa de Favigny. Mantuvieron una relación fruto de la cual vino al mundo la pequeña Cosima, futura esposa del director de orquesta Hans von Bülow y también del gran Richard Wagner.

En 1848 le concedieron el puesto de maestro de capilla de Wesmay, tras una apoteósica carrera. A partir de entonces, compuso grandes obras para orquesta (por ejemplo, “Fausto y Dante”). Fue la etapa más prolífica y creativa de Frank Liszt.

En 1858 se vio obligado a renunciar a su cargo tras una serie de conflictos con las autoridades de la corte. Comenzó una nueva etapa en la que buscó refugio en la religión. De hecho, en 1865 tomó las órdenes menores e incluso escribió un conjunto de composiciones sacras como “La leyenda de Santa Isabel de Hungría”.

Los méritos achacables a Liszt son la ampliación de los recursos técnicos de la escritura e interpretación pianísticas y el impulso que le dio a la música de programa (música inspirada por un motivo extramusical). Se le conoce como el creador del poema sinfónico y supo emplear con suma elegancia un lenguaje armónico que se vería después reflejado en otros grandes músicos de la talla de Wagner, su yerno y gran amigo.

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