George Berkeley, la esencia del espíritu

Berkeley

El filósofo irlandés George Berkeley nació en 1685 en las cercanías de Kilkenny (Irlanda). A los 15 años ingresó en el Trinity College de Dublin. En 1709 fue ordenado sacerdote aglicano y entre 1713 y 1720 ejerció de capellán del conde de Peterborough. Cuatro años más tarde fue nombrado decano de Derry.

Vivió en Rhode Island (EEUU) durante tres años y de allí regresó al viejo continente con la intención de crear un colegio de misioneros. En 1732 regresó a Inglaterra donde se convirtió en obispo de Cloyne en 1734. En 1752 se retiró a Oxford, localidad donde fallecería.

Berkeley pasó a la posteridad por haber combatido a ateos y escépticos, atribuyendo ambas posturas a la aceptación del innatismo. Según él, sólo la percepción podía fundar el conocimiento. Además, se opuso al mecanismo físico y psicológico de Locke y también a todo tipo de abstraccionismo: así, las nociones universales referidas a varios objetos no tienen otro valor que el de meros signos, es decir, no nombrarían ninguna realidad externa al espíritu, careciendo, pues, de sustantividad.

La figura de Berkeley aúna empirismo, sensualismo y un particular y especial espiritualismo (todo lo que existe sólo existe en la medida en que es percibido o puede ser percibido por algún “espíritu”).

Berkeley desdeñó la distinción empirista entre cualidades primarias u objetivas y cualidades secundarias o subjetivas puesto que, según él, ambas dependen de la percepción y deben ser buscadas en el sujeto. A la hora de hablar del fundamento de permanencia de lo real, remite a la regularidad con que las ideas de la Naturaleza se manifiestan independientemente del espíritu que las recibe.

Por otro lado, Berkeley defiende lo que se denomina “percepción del espíritu universal”: el conjunto de ideas que constituyen la realidad culminan en Dios, quien creó la regularidad que no es más que una manifestación suya. Esto justificaría por qué es imposible encontrar una explicación causal en el mundo de los fenómenos, puesto que lo único que de ellos se puede demostrar es la ley de sucesión.

Entre el legado bibliográfico de George Berkeley cabe destacar “A Treatsie on the Principles of Human Knowledge” y “Three Dialogues between Hylas and Philonus”.

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