Apolonio de Perga, fundador de las matemáticas

Cada vez que alguien hace un cálculo matemático, directa o indirectamente está trabajando sobre los principios que propuso Apolonio de Perga, célebre científico griego que dedicó gran parte de su vida a la enseñanza en Alejandría en el siglo III a.c. Sus investigaciones le permitieron a los intelectuales de todos los tiempos continuar los estudios, principalmente, sobre los cálculos cónicos.

Apolonio nació en Perga, Grecia Ionia, actualmente Turquía, en el 262 a.c. De su vida personal no se sabe casi nada, salvo que era un muy estudioso y obsesivo, vivía leyendo y analizando el trabajo de otros investigadores, anteriores y contemporáneos, como es el caso de Arquímedes. Se lo considera uno de los fundadores de la matemática, porque a su trabajo se deben los nombres de elipse e hipérbola, y las propiedades más importantes de las cónicas.

A decir verdad, y de acuerdo con textos de la época, el primer pensador que se dedicó a las cónicas fue Menecmo, un personaje poco conocido, integrante de la Academia platónica. Cincuenta años después, el gran Euclides supuestamente dedicó un libro al estudio de las cónicas, pero nunca hubo registro. Es allí donde ingresa en la historia Apolonio con sus tratados definitivos, aún vigentes.

Su obra está extraordinariamente bien organizada, paso a paso corta un cono por planos para hacer estudios de focos, tangentes y asíntotas, entre otros elementos. Es tan profundo y brillante su trabajo que hasta el siglo XIX no pudo ser actualizado, sólo se agregaron conocimientos y definiciones cuando se unificó definitivamente el tratamiento de las elipses, parábolas e hipérbolas, dentro de la denominada Geometría Proyectiva.

El punto es que, a pesar de la meticulosidad de sus descubrimientos, la ciencia no le había encontrado ningún uso práctico al estudio de las cónicas. Recién 1700 años después, maestros como Galileo Galilei, Johannes Kepler e Isaac Newton entendieron que cumplen un papel esencial en la mecánica celeste, dedicada al estudio de los comportamientos del universo. Con el correr de los años, se aplicaron a muchas ramas de la física.

Apolonio falleció en Alejandría, en el 190 a.c. Durante los últimos años de su vida ya había conseguido fama y reconocimiento de sus colegas, tanto por su apasionado trabajo como docente, como por la trascendencia indiscutible de su trabajo.

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