Heráclito de Éfeso, pensador de la antigua Grecia

Heráclito de Éfeso

Los historiadores lo llaman El oscuro, ya que muy poco se conoce de su vida personal. Además, de sus enseñanzas sólo quedan fragmentos sueltos; aún así, la influencia de Heráclito de Éfeso es central en la historia de la filosofía, no sólo para los pensadores griegos, sino también para los modernos, como es el caso del alemán Friedrich Nietzsche, quién retoma ideas que ya existían en su obra, como la del Eterno retorno.

Según explica Diógenes Laercio, Heráclito nació en el 540 a.c, en la costa occidental de Asia Menor, actual Turquía. A muy temprana edad comenzó a cuestionarse sobre la naturaleza y los fenómenos que lo rodeaban. Su primera obra lleva como título De la naturaleza, que fue analizada en profundidad por todos los filósofos que lo sucedieron, en especial por Platón y Aristóteles. Allí desarrolla su pensamiento en relación con el universo, la política y los dioses.

Lo más interesante de sus escritos es que todos están estructurados como aforismos, lo cual permite interpretaciones muy variadas. Hay investigaciones que concluyen que Heráclito ciertamente no escribió nada sino que impartía sus conocimientos oralmente. Luego fueron sus discípulos quienes compilaron el material de sus clases y debates y lo dieron a conocer. La gran mayoría de su obra estuvo guardada durante siglos en la Biblioteca de Alejandría, y se sospecha que buena parte se ha destruido con el incendio que desataron las tropas musulmanas en el siglo VII.

Su vida fue muy tranquila. Provenía de una familia aristocrática, y es probable que su tendencia antidemocrática haya estado influenciada por su condición social. No se le conocieron mujeres, ni hijos ni sobresaltos de ningún tipo. De hecho, deja bien en claro que sentía un profundo desprecio por el género humano.

Heráclito murió en el 484 a.c, hay dos versiones sobre su fallecimientos. La más novelesca asegura que, ya enfermo, le preguntaba a los médicos que lo atendían si era posible hacer agua de la sequía. Nadie entendía lo que estaba preguntando, hasta que lo encontraron enterrado bajo una montaña de estiércol. Al parecer, buscaba absorber con su cuerpo la humedad de esas sustancias desagradables. Claramente había perdido la cordura. Contrajo una infección grave y feneció al poco tiempo.

Pero hay una versión más interesante -la que propone Laercio- que sostiene que se retiró a vivir a un monte, donde se alimentó de hierbas hasta que el cuerpo no resistió más el frío y el hambre.

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