Frederic Hasselquist, explorador sueco

Frederic Hasselquist

Su vida no ha ocupado demasiadas páginas en los libros de historia. Sin embrago, sus estudios han marcado un antes y un después en el conocimiento científico sobre Oriente medio. Hoy escribimos sobre Frederic Hasselquist. Frederic Hasselquist nació en Suecia el 3 de enero 1722, fue discípulo del naturalista Linneo. Justamente en una de sus clases escuchó decir que se ignoraba casi por completo la historia natural de Palestina. Ese día comenzó la aventura.

A pesar de que era una hombre con problemas de salud y falto de condiciones físicas para emprender semejante viaje -en el siglo XVIII no era fácil recorrer distancias tan extensas-, decidió trasladarse hacia aquellas tierras para llenar el hueco académico que existía. Hasselquist era una persona muy estimada en el círculo científico sueco, su viaje se convirtió en una causa nacional, los propios habitantes realizaron una colecta para costear los gastos de la expedición.

El 26 de noviembre de 1749, el investigador llegó a Esmirna, desde allí comenzó una gira de estudios de campo por Manika, Sipilo y Egipto. Las academias de su país recibían datos y las conclusiones de sus observaciones. La facultad de medicina de Upsala lo nombró doctor honoris causa. En marzo de 1751 se trasladó finalmente a Palestina, objetivo principal de su viaje. Una de las obras de su maestro Linneo, Flora palestinae, está basado íntegramente en el herbario que recolectó allí Hasselquist.

El problema, era de esperar, fue su salud. Desde que llegó a El Cairo lo acompañaba una severa tos que en distintas ocasiones lo obligó a quedarse en cama. Los médicos que lo atendieron le aconsejaron que vuelva a su país y se someta a un tratamiento con medicamentos acordes a sus dolencias. Demás está decir que el científico se opuso rotundamente y continúo con sus investigaciones.

Para principios de 1752, su salud estaba en serio riesgo. Tenía muy afectado los sistemas respiratorio y digestivo. Ya tenía en su poder una valiosa colección de observaciones y muestras, pero no quería finalizar el viaje sin explorar la isla de Chipre. Logró su cometido, pero no pudo regresar: falleció el 9 de febrero, en la vuelta a Esmirna. Sus colaboradores destacaron que literalmente había dado su vida en pos del conocimiento.

Su trabajo llegó a Europa en perfectas condiciones. Cinco años después, Linneo realizó publicaciones muy valiosas con el material recibido, luego traducido al francés, al inglés y al alemán.

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