Pancho Villa, caudillo de la Revolución Mexicana

Pancho Villa

Pancho Villa nació bajo el nombre de Doroteo Arango en el seno de una familia de aparceros de bajos recursos que trabajaban las tierras de la opulenta familia López Negrete, en el estado de Durango. Según cuenta la historia, Doroteo sorprendió a uno de los miembros de la familia López Negrete intentando forzar a su hermana Martina, y le disparó en el pie, para luego refugiarse en las montañas. Allí se unió a una banda criminal, convirtiéndose pronto en su líder gracias a su valor y crueldad.

En 1910, estalló la Revolución Mexicana con el llamado de Francisco I. Madero al pueblo para que tomara las armas, tras su derrota en una elección fraudulenta frente al dictador Porfirio Díaz. Doroteo, ya conocido como Pancho Villa (en honor a su abuelo), se sumó a la causa, poniendo sus fuerzas a disposición de Madero, para pronto convertirse en uno de los hombres más poderosos del norte, a medida que su ejército crecía.

Cuando Madero regresó a México desde su exilio en los Estados Unidos, en 1911, Pancho Villa fue quien le dio la bienvenida. Villa sabía que no poseía habilidades políticas, pero vio en Madero un hombre con un futuro influyente, y se comprometió a llevarlo a la Ciudad de México.

No obstante, el régimen corrupto de Porfirio Díaz mantenía el poder, y Villa pronto conformó un formidable ejército, el cual incluía una unidad de caballería de élite. En esos días obtuvo el apodo de “el Centauro del Norte” gracias a su habilidad para montar. Junto al estratega Pascual Orozco, Villa controlaba el norte de México, asolando las guarniciones federales y capturando ciudades. Porfirio Díaz poseía la capacidad para controlar las fuerzas militares de Villa y Orozco, pero la guerrilla de Emiliano Zapata en el sur lo obligaba a actuar en dos frentes, y en poco tiempo fue evidente que no podía derrotar a sus enemigos aliados. En abril de 1911, Díaz dejó México, dos meses después, Madero hacía su ingreso triunfal en la capital.

Sin embargo, una vez en el poder, Madero encontró que no sería tarea fácil gobernar el país. Los antiguos seguidores del régimen de Díaz lo despreciaban, y sus aliados reclamaban el cumplimiento de las promesas. Zapata, tras descubrir decepcionado que Madero tenía poco interés en la reforma agraria, y Orozco, que esperó  en vano una designación como gobernador, una vez más se alzaron en armas.

Madero pidió a Villa, su único aliado restante, que lo ayudara. Junto con el general Victoriano Huerta, Pancho Villa luchó y derrotó a Orozco, quien se vio obligado a exiliarse en los Estados Unidos. Sin embargo, Huerta, a su regreso a la Ciudad de México, traicionó a Madero, deteniéndolo para luego ejecutarlo y autoproclamarse presidente.

Villa había creído que Madero era la vía para sacar adelante el país, y quedó devastado por su muerte. Rápidamente forjó una alianza con Zapata y los revolucionarios Venustiano Carranza y Álvaro Obregón, con el fin de deponer a Huerta. Por aquel entonces, la División del Norte de Villa era la unidad militar más poderosa y temida en la nación, y sus soldados se contaban por decenas de miles. Huerta fue cercado, y, en inferioridad numérica, acosado por las fuerzas dirigidas por Villa.

Carranza, un ex gobernador, se nombró a sí mismo Jefe de la Revolución, lo que irritó a Villa, si bien lo aceptó. Villa no deseaba ser presidente, pero no apreciaba a Carranza, a quien veía como otro Porfirio Díaz, y decidió llevar a otra persona al poder, una vez que Huerta estuviera fuera de escena.

En mayo de 1914, se planeaba un ataque a la estratégica ciudad de Zacatecas, donde confluían las redes ferroviarias, lo cual permitiría a los revolucionarios irrumpir en Ciudad de México. Villa atacó Zacatecas el 23 de junio, obteniendo una legendaria victoria, donde sólo sobrevivieron unos pocos cientos de los 12.000 soldados federales que la defendían. Tras la derrota en Zacatecas, Huerta supo que su causa estaba perdida, e intentó rendirse para obtener algunas concesiones, pero los aliados no pensaban dejarlo escapar tan fácilmente. Huerta huyó tras nombrar un presidente interino en el gobierno hasta que Villa, Obregón y Carranza llegaron a la Ciudad de México.

Con Huerta alejado del poder. El conflicto entre Villa y Carranza se desató casi de inmediato. Varios delegados de las principales figuras de la revolución se reunieron en la Convención de Aguascalientes en octubre de 1914, pero el gobierno interino surgido de esta convención no duró demasiado, y el país fue una vez se vio envuelto en la guerra civil. Zapata permaneció en Morelos, sólo luchando contra los que se aventuraban en su territorio, y Obregón decidió apoyar a Carranza, particularmente porque creía que Villa era un caso perdido.

Carranza se erigió a sí mismo como Presidente de México hasta que las elecciones tuvieran lugar, y envió a Obregón y su ejército tras el rebelde Villa. Inicialmente, Villa y sus generales, como Felipe Ángeles, obtuvieron victorias decisivas contra Carranza. Pero en abril, Obregón llevó a su ejército hacia el norte y atrajo a Villa a una batalla. La Batalla de Celaya tuvo lugar desde el 6 al 15 abril de 1915, y fue una gran victoria para Obregón. Villa se retiró, pero Obregón lo persiguió y se enfrentaron nuevamente en la Batalla de Trinidad, del 29 de abril hasta el 5 de junio de 1915). Villa fue derrotado nuevamente, y la alguna vez poderosa División del Norte prácticamente fue desmantelada.

En octubre, Villa cruzó las montañas camino a Sonora, donde esperaba derrotar a las fuerzas de Carranza y reagruparse. Durante la travesía, Villa perdió a Rodolfo Fierro, su oficial más leal y cruel. Carranza había reforzado las posiciones de Sonora, y Villa fue derrotado una vez más, viéndose obligado a regresar a Chihuahua con lo que quedaba de su ejército. Para diciembre, era evidente que Obregón y Carranza habían vencido. La mayor parte de la División del Norte aceptó una oferta de amnistía y cambió de bando. Villa ganó las montañas acompañado por 200 hombres, decidido a seguir luchando.

Con su ejército reducido a un par de cientos de hombres, recurrió al bandidaje para abastecer a la tropa de alimentos y municiones. Se convirtió cada vez más errático, y culpó a los estadounidenses por sus pérdidas en Sonora. Detestaba a Woodrow Wilson para reconocer el gobierno de Carranza, y comenzó a acosar a todo estadounidense que se cruzara en su camino.

En la mañana del 9 de marzo de 1916, Villa atacó Columbus, Nuevo México, con 400 hombres. El plan consistía en derrotar a la pequeña guarnición y hacerse con armas y municiones, así como robar el banco y vengarse de un Sam Ravel, un distribuidor estadounidense de armas que una vez había traicionado a Villa, y residía en Columbus. El ataque fracasó por completo. La guarnición estadounidense era mucho más fuerte que Villa creía, el banco no pudo ser robado, y Sam Ravel había ido a El Paso. Sin embargo, el valor mostrado al atacar una ciudad en los Estados Unidos le dio hizo recuperar su fama, llegando nuevos reclutas para unirse a su ejército.

Los estadounidenses enviaron al general Jack Pershing detrás de Villa. El 15 de marzo, cruzó la frontera con 5.000 soldados estadounidenses. Esta acción fue conocida como la “Expedición Punitiva” y fue un fiasco. Encontrar el escurridizo Villa resultó casi imposible. No obstante, Villa fue herido en una escaramuza a finales de marzo y pasó dos meses recuperándose solo en una cueva oculta: dispersó a sus hombres en pequeños escuadrones y les dijo que lucharan mientras sanaba.

A su regreso, muchos de sus hombres habían muerto, entre ellos, algunos de sus mejores oficiales. Sin desanimarse, ganó nuevamente las montañas, luchando contra los estadounidenses y las fuerzas de Carranza. En junio, hubo un enfrentamiento entre las fuerzas de Carranza y los estadounidenses al sur de Ciudad Juárez. Tras serenarse los ánimos, se evitó una nueva guerra entre México y los Estados Unidos, pero quedó claro que era el momento de que Pershing se retirara. A principios de 1917, todas las fuerzas estadounidenses habían dejado México, y Villa seguía en libertad.

Villa se mantuvo en las colinas y las montañas del norte de México, atacando a pequeñas guarniciones federales y eludiendo la captura hasta 1920, cuando la situación política cambió. Ese año, Carranza dio marcha atrás en su promesa de apoyar a Obregón para la presidencia. Esto fue un error fatal, dado que Obregón todavía contaba con apoyo en muchos sectores de la sociedad, incluido el ejército. Carranza fue asesinado el 21 de mayo de 1920, mientras intentaba escapar.

La muerte de Carranza abrió una oportunidad para Pancho Villa. Empezó a negociar con el gobierno el desarme y el alto al fuego. Si bien Obregón estaba en contra, el presidente provisional Adolfo de la Huerta negoció un acuerdo con Villa en julio, concediéndole una gran hacienda, y pensiones a sus veteranos, además de otorgarse una amnistía general. Con el tiempo, incluso Obregón aprobó la paz con Villa, y honró el pacto

Obregón fue elegido presidente de México en septiembre de 1920, y comenzó el trabajo de reconstrucción de la nación. Villa se retiró a su hacienda en Canutillo, dedicándose a la agricultura y ganadería.

Villa mantuvo un perfil bajo y una relación aparentemente amistosa con Obregón, pero pronto el nuevo presidente decidió que era hora de deshacerse de Villa de una vez por todas. El 20 de julio de 1923, Villa fue asesinado a tiros mientras conducía un coche en la ciudad de Parral. Aunque nunca estuvo directamente implicado en el asesinato, es evidente que Obregón dio la orden, tal vez porque temía que la interferencia de Villa (o posible candidatura) en las elecciones de 1924.

El pueblo de México quedó devastado tras conocer la muerte de Villa. Todavía era un héroe popular por su desafío de los estadounidenses, y fue visto como un posible salvador ante la dureza del gobierno de Obregón.

Foto vía: coolchaser

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