Dora Maar, la historia de la musa de Picasso

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Hija de un arquitecto yugoslavo, la figura de la francesa Henriette Theodora Markovitch, más conocida como Dora Maar (1907-1997), ha sido eclipsada por sus relaciones personales. En su caso, por Picasso, de la que fue una de sus amantes más fervientes y su musa durante algunos años. Pero, en realidad, Dora Maar fue también una artista, pintora, escultora y fotógrafa de renombre que llegó a ser una de las referencias del grupo surrealista y que, por tanto, merece un hueco en la memoria de la Historia del arte.

Fue iniciada en el mundo de la fotografía por dos grandes fotógrafos: uno Henry Cartier Bresson, que la convenció de que cambiara su nombre por otro más corto y más sonoro, de donde nació Dora Maar, y el otro G. Brasaï, que la convirtió en su protegida. A partir de entonces Dora Maar se convierte en una fotógrafa incansable.

Joven de una belleza elegante y exótica conseguiría rendir a sus pies al poeta G. Bataille con el que iniciaría una breve relación sentimental. Bataille además, la introdujo en el entorno político de la época, convirtiéndose en una activista de izquierdas, que a su vez la relacionó con otros grupos de intelectuales. Fue así como conoció a Buñuel y más adelante a Andrè Breton, quien la introduciría en el grupo surrealista.

No sería hasta 1936 cuando se produciría también el encuentro que cambiaría su vida: estando en el Café Deux Magots de París, conoció a Pablo Picasso. Enseguida comenzó una relación apasionada entre ellos, que a la larga resultaría especialmente autodestructiva para Dora Maar. Durante los primeros tiempos Picasso la convirtió en su musa y de su pincel salieron cuadros tan magníficos como su “Mujer llorando” y preciosos retratos.

También ella se vio entonces favorecida, porque su creatividad alcanzaría su mejor momento y su relación con los surrealistas le permitiría innovar y experimentar en el campo de la fotografía. Realiza así obras tan conocidas como el “Retrato de Ubú”, que terminaría convirtiéndose en un icono fotográfico del movimiento surrealista.

Pero con la llegada de la II Guerra Mundial y el miedo a los nazis, que perseguían colaboradores de la izquierda como lo había sido ella, junto con sus desavenencias con Picasso (historias de celos incluidas), provocarían el declive de la artista.

Con el tiempo Dora Maar irá recuperándose poco a poco, pero ya nunca más sería la misma. Su figura como profesional fue olvidaba casi por completo y de ella sólo ha ido quedando el recuerdo de haber sido una más de las numerosas amantes del pintor.

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