María Pacheco, comunera

Maria Pacheco

María Pacheco, gran carácter, nació a finales del siglo XV, quizá en 1595. Era de noble cuna, sangre de dos linajes egregios en el universo castellano de la época, los Mendoza y los Pacheco. Su padre fue el primer marqués de Mondéjar, su madre Francisca Pacheco, segunda esposa del anterior, era hija de quien a su vez inició la saga de marqueses de Villena.

Ilustrativo resulta que María decidiese llamarse con el apellido materno, hecho insólito en la época. Tenía dos hermanas con el mismo nombre: por eso eligió el de su madre. Repetimos: ese acto define su deseo de hablar por sí misma, de no ser el adorno de nadie, en definitiva, de singularizarse como persona.

Antes de eso, había recibido una educación de princesa. Dominaba el latín, el griego no le era extraño. Muy conocedora de la historia, también sabía de matemáticas.

Pero en 1510, siendo poco más que una chiquilla, su padre le buscó futuro marido sin decirle nada. Cuando, después, ya sin posibilidad de vuelta atrás, le presentó a su esposo, María se enrabietó contra su progenitor.

Y no fue su enfado flor de un día. De hecho, las cosas se volvieron agrias en el seno familiar. El padre de María, en una decisión si no del todo extraña tampoco muy normal, la aportó de la herencia a cambio de “rociarla” con una dote considerable. María reaccionó rompiendo de modo definitivo con quien ayudó atraerla al mundo. Se volcó en la actividad política. Porque, de hecho, para entonces María ya formaba equipo con su marido.

El marido de María (recordemos: elegido por el padre de ella) era Juan Padilla, noble (o más bien hidalgo…pero de los hidalgos de primera época, cuando tales pertenecían de hecho y de derecho a la nobleza y no pasaban hambre, al contrario de lo que sucederá un siglo más tarde… piénsese en el Lazarillo) toledano.

María pensó al principio que aquel hombre no le hacía justicia, que no le venía justo. Luego, sin embargo (¿vengándose de su padre?), asumió la empresa de su esposo con el mayo ardor. ¿Y cuál era la empresa de su esposo? La causa comunera.

Los comuneros, es decir, la gran revolución social de la Castilla renacentista y, nos atrevemos a decir, moderna. Juan Padilla, junto con otros, representaba a la nueva clase social de caballeros y pequeños burgueses enriquecidos con el desarrollo de la economía local. Además, había en su causa un elemento nacionalista castellano frente al diletantismo foráneo del emperador y de su cohorte de consejeros y alimentados.

Sus últimos días los pasó en Portugal, concretamente cerca de la ciudad de Oporto, en donde finalmente dejó este mundo, con tan sólo 35 años, en marzo de 1531. Sólo se sabe que sufrió, antes de morir, un dolor muy intenso en la zona del costado.

Tags:

Imprimir


Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top