Bartolomé Esteban Murillo, pintor del Barroco

Murillo

Quizás no sea uno de los pintores más conocidos, aunque estoy seguro que su nombre lo habéis escuchado en más de una ocasión. Lo que quiero decir es que siempre se coloca por detrás de otros genios de la pintura española como Goya o Velázquez, cuando Bartolomé Esteban Murillo fue uno de los pintores españoles del barroco más importantes y excelsos.

Nacido en Sevilla el 31 de diciembre de 1617 ( ya que consta como bautizado allí, en la Iglesia de Santa María Magdalena, el 1 de enero de 1618 ), Murillo fue uno de esos grandes pintores religiosos del barroco. Precisamente hay que destacar que nos encontramos en una época en la que la Iglesia Católica luchaba con todos los medios frente a la reforma protestante, de ahí que el arte de aquel entonces, por ejemplo la pintura, tuviera tantas muestras de tipo religioso.

Murillo fue el más joven de catorce hermanos, ni más ni menos. Su padre, Bartolomé, era cirujano y barbero, algo que hoy en día nos llamaría muchísimo la atención pero que, en aquella época, parecía lo más normal del mundo. Su madre se llamaba María Murillo, aunque desgraciadamente sus padres fallecieron muy pronto, y nuestro pintor tuvo que ser cuidado por sus tíos.

Tras pasar su infancia y su adolescencia en Sevilla, Murillo se casó en 1645 con Beatriz Cabrera. Precisamente Beatriz y la primera hija que tuvieron, María, le sirvió al pintor como modelo para sus dos primeros cuadros. Gracias a la importancia que en aquella época tenía una ciudad como Sevilla, Murillo no tuvo porqué salir de su ciudad para lograr que sus cuadros fueran expuestos.

Esta importancia también le ayudó para inspirarse, ya que eran muchas las obras de arte de otros artistas las que pasaban por Sevilla. Esto explica el hecho de que en la obra de Murillo veamos muchas referencias a detalles de otros estilos que se daban en otras regiones españolas. Y todo ello sin moverse de casa, ¿eh?.

Murillo se interesó por el estilo realista, y trabajó especialmente para la Iglesia Católica y la nobleza y aristocracia sevillana. Para compaginar sus estudios y sus conocimientos, marchó a Madrid en 1642 para estudiar a los grandes maestros de la Corte, volviendo tres años después a Sevilla para pintar trece lienzos para el Monasterio de San Francisco el Grande en Sevilla.

Fue este el trabajo que le hizo ganarse la fama y granjearse un público y una clientela fiel. Tanto es así que le encargaron hacer la Inmaculada Concepción de la Catedral de Sevilla, o el cuadro de la Virgen y el Niño, también para el primer templo sevillano. En 1660 fundó la Academia de Bellas Artes, donde entró en contacto con otros pintores de la época, como Zurbarán y Velázquez.

Años más tarde se le encomendarían los trabajos de la iglesia del Convento de Capuchinos, en Cádiz, en la que, por culpa de una grave caída desde un andamio, falleció meses más tarde. Fue enterrado en la Iglesia de Santa Cruz, una iglesia que desapareció durante la ocupación francesa. Hoy en día el lugar lo ocupa la Plaza de Santa Cruz en Sevilla, y bajo ella, sin saber dónde, descansan los restos de Bartolomé Esteban Murillo.

Tags: ,

Imprimir


Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top