Francesco Petrarca, poeta del Renacimiento

Francesco Petrarca

Los amantes y estudiosos de la literatura, entre los que me encuentro, seguro que habrán oído hablar mucho de Francesco Petrarca. Petrarca es uno de los grandes genios del Renacimiento que nos ha legado Italia. Fue allí, en la ciudad toscana de Arezzo, donde nació un 20 de julio de 1304.

Fue su padre, ilustre abogado, el que le inculcó el gusto por las leyes, y lo hizo estudiar en Montpellier y Bolonia. Sin embargo, Petrarca se pasaba las noches casi en vela, leyendo a los clásicos latinos y escribiendo sus primeros versos. No parecía gustarle demasiado el ambiente jurídico.

La temprana muerte de sus padres hizo que Petrarca y su hermano Gerardo se marcharan hasta Avignon, trabajando en diversas oficinas, pero siempre con el afán de la literatura a cuestas. No sería hasta 1341 cuando Petrarca conseguiría la gloria de las letras y la poesía con la publicación de su África.

Aparte del Petrarca poeta, realmente nuestro protagonista fue también un distinguido y reconocido turista, ya que viajó muchísimo por toda Europa. Hablan de él precisamente como del primer turista de la historia, y más tarde recorrió el norte de Italia como eminente diplomático.

Curiosamente, Petrarca tuvo dos hijos, Giovanni y Francesca, aunque nunca se casó. Una vida un tanto rara ya que, entre 1362 y 1367, la familia de Francesca vivió con Petrarca en Venecia. De allí se trasladaron a la pequeña ciudad de Arqua, cerca de Padua, donde vivieron juntos hasta la muerte de Petrarca el 19 de julio de 1374, un día antes de cumplir 70 años.

Durante su estancia en Florencia, Petrarca se hizo gran amigo de otro de los grandes poetas renacentistas italianos, Bocaccio. Tanto es así que, a la muerte de Petrarca, éste le dejó 50 florines en su testamento, y repartió el resto de su fortuna entre su hermano, su hija y otros amigos.

Vida un tanto curiosa la de este poeta renacentista italiano. Viajero empedernido, escritor, poeta, llegó a recoger todas sus cartas y las recopiló en una serie de libros, y todo ello escrito en latín. Tan curiosa llegó a ser su vida que, su musa, aquella a la que le llegó a escribir los más apasionados versos de amor, Laura, no la conocía nadie. ¿Tal vez la mujer de algún amigo?. Nunca lo sabremos.

Tags: , ,

Imprimir


Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top