Hildegarda Von Bingen, más que una mística

Hildegarda Von Bingen

Pareciese que en lo que respecta al estudio de la filosofía, las mujeres no han tenido un lugar preponderante: de todos los filósofos que arrastra el saber hasta hoy en día, solo hemos escuchado hablar de las tres grandes filosofas contemporáneas: Hannah Arendt, Edith Stein y Simone Weil. Sin embargo, mucho antes que descubriéramos que el sol era el centro de nuestro sistema planetario , una mujer, humilde y religiosa, demostraba como la filosofía teológica no reconocía géneros.

Hildegarda Von Bingen fue lo que eran muchos en su época: una mística. Contemporánea al siglo XII, esta interesante mujer dedicó su vida al estudio y a la vida religiosa. Y más allá de vivir como una monja de su época, Hildegarda supo cautivar con su saber en el área de la medicina, la música  y la filosofía.

Contrariamente a lo que mucha gente piensa, durante la época medieval la mujer participó activamente en la vida económica, cultural y social. El siglo XII es una época de gran efervescencia intelectual. Las escuelas de Chartres y de San Víctor ejercieron una fuerte influencia sobre ella, así como también sobre sus coetáneos.

Bingen no tuvo una vida fácil; nace en el seno de una familia noble del Palatinado en el año 1098. A partir de los 5 años comienza a tener sus famosas percepciones extrasensoriales”, las mismas que según ella describía iban unidas a una gran intuición y a un agudo sentido de observación de la realidad. Estos fenómenos sorprendían a los demás, pero a ella la asustaban, ya que venían acompañados de grandes jaquecas.

A sus 40 años su vida produce un giro místico: recibe una llamada que viene de Dios, según ella, y a partir de allí comienza a redactar sus visiones proféticas. Decide comenzar a predicar las mismas y viaja de ciudad en ciudad, de monasterio en monasterio y de catedral en catedral, predicando a cuanta persona veía, a canónigos y beneficiados, la conversión de costumbres, la pobreza, la plegaria, la necesidad de una reforma de la Iglesia; es así como Hildegarda se consideraba una “mensajera del Señor”.

Hildegarda Von Bingen

Gracias a la ayuda de algunos monjes de la época pudo transcribir todas sus visiones, sin embargo, la vida de Hildegarda no era color de rosas. La Iglesia no soportó ver a una mujer religiosa predicar semejantes profecías en nombre del santo Padre. Mucho peor fue el momento en el que Hildegarda y otras monjas del Monasterio de Ruperstburgo deciden dar sepultura a un joven revolucionario excomulgado por el arzobispo, hecho por el cual el Obispo decide prohibir la música dentro del Monasterio. Hildegarda entra en cólera y escribe una carta despectiva a dicha autoridad, por lo que casi es excomulgada.

El 17 de septiembre de 1179 muere, a los 81 años de edad. Se dice que a pocos minutos de morir se abrió en el cielo una especie de luz enceguecedora, rodeada de dos arcos de diferentes colores, los mismos que formaban una cruz en el cielo.

En 1940 la Iglesia Católica la coronó: “Santa Hildegarda Von Bingen”.

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