Henri de Toulouse-Lautrec, el pintor de Montmartre

Toulouse-Lautrec

Henri de Toulouse-Lautrec le dio imagen y color a la París de finales del siglo XIX, sus dibujos y pinturas relatan la vida nocturna de la Ciudad de las Luces, con sus cabarets, sus espectáculos y sus personajes del bajo mundo.

Un 24 de noviembre de 1864 nacía Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Monfa Tapié de Celeyran, conde de Toulouse-Lautrec-Monfa. Su madre dio a luz en el Hotel du Bosc, en Albi, región de Mediodía-Pirineos. Sus padres eran primos hermanos que contaban con sus títulos nobiliarios; personas ricas e influyentes. Henri fue el primogénito y luego de la separación de sus padres, quedó bajo el cuidado de su madre.

En 1874, siendo pequeño, padeció una enfermedad que afectó al desarrollo de los huesos. Unos años después sufrió fracturas en los fémures de ambas piernas, lo que le impidió crecer más. Henri de Toulouse-Lautrec alcanzó su emblemático metro y medio de altura, condición que no le obstaculizó destacarse como uno de los principales pintores y cartelistas del fin de siglo.

Viajó a París en 1881 con el apoyo de su tío y otros pintores amigos de la familia, y se instaló en el barrio de Montmartre tres años después. Conoció al pintor Degas, de quien fue vecino, y también se hizo amigo de Van Gogh. La bohemia parisina lo encantó desde el primer día y frecuentaba los locales nocturnos, volviéndose un cliente habitual de sitios como el Salón de la Rue des Moulins, el Moulin de la Galette, Moulin Rouge, Le Chat Noir o Folies Bergère. Ese mundo se volvió el centro de sus obras: actores, prostitutas, burgueses, artistas, etc… La bailarina Jane Avril y la Goulue fueron algunas de sus mujeres favoritas.

En una ciudad donde los pintores impresionistas plasmaban paisajes y luces naturales, Henri de Toulouse-Lautrec escogía los ambientes cerrados con luz artificial para representar la otra cara de París y ridiculizar a los poderosos. Esto le hizo ganarse el aprecio de los dueños de los bares y cabarets, que le encargaban carteles y afiches para promocionar los espectáculos. Su reconocimiento se extendió y gracias a su posición económica desahogada, viajó por otros países, visitando ciudades como Bruselas, Madrid y Londres, donde conoció y retrato a Oscar Wilde.

Sin embargo, sus problemas con el alcohol deterioraron su salud física y mental. En 1897 sufrió su primera crisis esquizofrénica, durante la cual disparó varios tiros contra arañas imaginarias en la pared de su habitación. Además de sus manías, depresiones y neurosis, padecía ataques de parálisis en las piernas. Fue internado en un sanatorio mental un tiempo, y en 1900 se trasladó a Burdeos, donde una hemorragia cerebral le afectó las dos piernas. Luego regresó a París y sufrió otro ataque que le dejó medio cuerpo paralizado. Su madre lo llevó al castillo de Malromé, cerca de Burdeos.

El 9 de septiembre de 1901, con treinta y siete años de edad, Henri de Toulouse-Lautrec falleció a las dos y cuarto de la madrugada. Sus obras traspasaron las fronteas del tiempo y el espacio, covirtiéndolo en uno de los mayores representantes de la bohemia francesa de fin del siglo XIX.

Foto vía: wikimedia

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