Artemisia Gentileschi, entre el arte y la tragedia

Artemisia Gentileschi

Si la vida de las mujeres en el arte era de por sí difícil debido a los impedimentos sociales y académicos, la de Artemisia Gentileschi fue más difícil aún por su historia personal. Considerada como una de los primeros pintores barrocos, pintó escenas históricas y religiosas en un época en la que ciertos temas no eran adecuados para las mujeres artistas.

Artemisia Gentileschi nació en Roma en 1597 como hija del pintor Orazio Gentileschi, de quién heredó la pasión por el dibujo y le sumó su propio espíritu dramática, inspirada en las obras de Caravaggio. En 1610, y con diecisiete años de edad, firmó su primera obra titulada Susana y los viejos, una de las escenas bíblicas más representadas durante el Renacimiento y el Barroco ya que permitía representar el desnudo femenino.

Es una historia del Antiguo Testamento que cuenta la tragedia de Susana, una joven que sorprendida por dos ancianos cuando iba a darse un baño; la hicieron proposiciones deshonestas que ella rechazó pues estaba felizmente casada. Sin embargo, los viejos levantaron falso testimonio y la acusaron adulterio, castigado con la muerte según la ley judía. El profeta Daniel, interrogándolos, acaba probando la falsedad de la imputación para salvar a Susana y castigar a los ancianos.

Esta historia pintada por Artemisia parece un augurio de lo que fue la propia tragedia de la pintora. En 1612, dado que la joven no podía acceder a la enseñanza de las academias profesionales de Bellas Artes por su género, su padre le dio un preceptor privado, su compañero de trabajo Agostino Tassi, quien ya se había fijado en Artemisia. Pero ella se negó a Tassi, por lo que éste un día la encerró en su habitación y la violó.

Artemisia no calló y contó lo sucedido. Al principio, él prometió salvar su reputación casándose con ella, pero más tarde se negó, pues ya estaba casado, y Orazio lo denunció ante el tribunal papal. Del proceso se conserva documentación exhaustiva, que impresiona por la crudeza del relato de Artemisia y por los métodos inquisitoriales del tribunal, como el humillante examen ginecológico y la tortura de presionar sus dedos con cuerdas para verificar la veracidad de sus declaraciones; un antiguo detector de mentiras, pues se creía que si una persona decía lo mismo bajo tortura que sin ella, la dicho debía ser real.

Agostino Tassi mintió tan desaforadamente que los propios jueces le conminaron repetidas veces a no seguir mintiendo. Finalmente fue condenado a un año de prisión y al exilio.

Luego de semejantes hechos traumáticos, la joven y talentosa artista intentó seguir adelante con su vida, concentrándose en su arte y sanando a través de sus pinturas las heridas emocionales que dejaron en ella cicatrices imborrables.

Descubran como continuó la vida de esta extraordinaria artista en el próximo artículo Artemisia Gentileschi, la pintora vengativa.

Foto vía: chrisdenengelsman

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