Claude Debussy, un compositor de la vida

Claude Debussy

Nacido en Francia en Agosto de 1862, Claude Debussy obtuvo sus primeras clases de piano a sus 8 años en Cannes estimulado por su tía Clementina Debussy, quien lo condujo hasta su primer profesor, un italiano llamado Cerutti, el cual supo formar sus bases en la técnica de piano.

Por otra parte su padre, Manuel-Achille Debussy, repetidas veces lo llevó al teatro lírico, donde pudo influirle más aun lo magnífico y sublime que podía ser presenciar una obra de esas características. En cierta ocasión, en una representación de El Trovador de Verdi, quedó perturbado de tal manera que nunca pudo quitárselo de su mente, según su propia confesión.

Además su padre tenía un compañero de trabajo que era compositor de comedias musicales, el cual era por cierto hijo de Mauté de Fleurville, quien decía haber sido alumna de Chopin. Al tiempo conoció a Claude y se dispuso a instruirlo y formarlo para poder rendir los exámenes para el ingreso al prestigioso Conservatorio de París, donde logró ingresar al instituto con notas sobresalientes el 22 de Octubre de 1872.

Originariamente Claude fue destinado a la clase de piano de Marmontel y a la de solfeo de Lavignac, que tenían fama de ser muy exigentes, y los modos de calificación se determinaban por medallas. Una terrible forma de calificar ya que los alumnos se disputaban entre sí por el primer puesto. Pero esto sirvió a Debussy para fortalecerse y conseguir, después de varios años de segundas y terceras medallas, en una clase de Aguste Bazille, durante el curso 1879-1880, su primer premio.

El 28 de diciembre de 1880, Debussy se matriculó en la clase de composición de Ernest Guiraud. Años más tarde sus cualidades de músico se acentuaron especialmente en el plano armónico. En 1883 ejecutó un primer intento para obtener el Premio de Roma con la serenata Le Gladiateur, sobre un texto de Émile Moreau. Tiempo después  su íntimo amigo Paul Vidal le cedió su lugar de pianista de ensayos en la Sociedad Coral Concordia, que tutelaba Charles Gounod. Durante estos años tuvo el placer de revelar la exquisita música de Palestrina y Lasso. Leyó a Baudelarie, Verlaine, Mallarmé, Dante Gabriel Rossetti y entre otros. Compuso Zuleima, sobre argumento basado en una obra de Heine, renunció a una Diana en el bosque y, en febrero de 1887, ya desde París, concluyó Primavera.

Debussy a lo largo de su vida dio su música a muchos poetas, siendo los más recurridos por el compositor Théophile Gautier, Paul Bourget, Théodore de Banville y Leconte de Lisle. También musicalizó poemas aislados de una treintena de escritores famosos. En 1892, por otro lado, abordó la producción de los bosquejos de grandiosas obras futuras: un cuarteto de cuerda, un preludio, interludio y paráfrasis para la siesta de un fauno según la égloga de Mallarmé y una especie de fantasía para violín y orquesta en tres partes o escenas “al crespúsculoncio”.

La primera audición de La Démoiselle élue, el 8 de abril de 1893, atrajo la atención de la crítica sobre la originalidad en su música con toques de erotismo, sus creaciones sensatas, armónicas y tímbricas, que toman carta de naturaleza en el cuarteto de cuerda.

El éxito lo rodeaba, y era imposible negar su transparente talento, pero así mismo su vida personal no era de lo más envidiable, tenía fuertes problemas económicos, y el creciente distanciamiento de sus padres lo amargaba cada día más. Pero uno de los puntos fuertes fue la ruptura de su compromiso amoroso con Thérèse Roger ( la intérprete que estrenó “La Démoiselle élue” y “Proses lyriques”); dejando a Claude inmerso en largos periodos de depresión.

A mi parecer, un muy buen ejemplo de lo que sentía Debussy y a la vez quería transmitir es “Clair de Lune” (uno de mis preferidos), una melodía tan apasionante y conmovedora, tan llena de energía y sentimientos emergidos de las puertas del alma, pretendiendo llevarnos a lugares o recuerdos tan profundos que al escuchar estas hermosas notas, es imposible quedar hechizado e inmerso en el mundo de su música por excelencia, así era Claude en sus composiciones, un símbolo del trabajo y el afecto a la música…

Falleció el 25 de Marzo de 1918 en Paris, dejándonos todas sus magnificas obras, demostrando que la vida no se basa en medallas o primeros puestos, sino que vivir significa dedicación, compromiso y, por supuesto, una gran dosis de pasión.

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