
Grigori Yefimovich Novikh Rasputin, nació el 22 de Enero de 1869 en Tumen, (Siberia). De origen campesino, se formo a si mismo, y dicen quienes le conocieron que era un hombre muy fuerte, de cuerpo y de carácter. De pequeño decía que la Virgen María le llamaba y le hablaba, y sus visiones le hicieron muy popular entre la gente, a la que hipnotizaba con su penetrante mirada y conseguía que hicieran lo que el deseaba.
Antes de cumplir los 20 años se casó con Proscovia Fiodorovna, y por unos años aparcó su vocación religiosa, hasta que unos años después, y ya padre de cuatro hijos, en 1901 abandonó a su familia y se traslado a Grecia y a Tierra Santa para formarse junto a monjes ortodoxos.
En 1903 visita San Petersburgo y se instala en una pequeña habitación donde prosigue con su ayuda a los mas necesitados, ayudándoles a mejorar y o a curar sus males y preocupaciones. Conocido como hombre santo y escogido por Dios, pronto conseguiría que las puertas de las mas acaudaladas familias se abrieran para el. Hasta que en 1904, a causa de la enfermedad del hijo y heredero del Zar de Rusia, Rasputin es presentado a la mismísima Zarina Alexandra Fiodorovna, una mujer religiosa y muy supersticiosa sobre la que llegó a ejercer una gran influencia.

En una de las ocasiones que fue llamado a palacio, la zarina le pidió que curara a su pequeño zarevich Alexei, enfermo de hemofilia. Y Rasputin lo curó de forma temporal mediante la hipnosis. Después de aquello, el monje fue invitado a trasladarse a vivir en palacio, y pronto los Romanov colocaron a Rasputin en un lugar de honor destacado cerca de la familia imperial.
Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, y el Zar encabezó el ejército, Rasputin ejercía ya tanto poder en la corte que se dedico a controlar el gobierno de forma casi absoluta. La Corte rusa se escandalizo y el pueblo se levanto en armas, y debido a sus hazañas libertinas y otras aventuras, la zarina acabo expulsándolo del palacio. Al tiempo, el príncipe ruso, Felix Yusopov, acompañado por un grupo de hombres de la corte del Zar, idearon un plan para deshacerse del diabólico monje, e invitándole a palacio, le colmaron de ricos manjares entre los que habían mandado verter cianuro.

Los historiadores cuentan que el veneno no le hizo efecto inmediato, por lo que al salir de palacio le dispararon los hombres de Yusopov, hasta que cayó al suelo cubierto por la nieve. Creyéndolo muerto, su cuerpo fue arrojado al rió Neva. Cuando se encontró su cadáver se descubrió que en realidad había muerto ahogado. Luego le extrajeron el corazón y le cortaron también su miembro viril, miembro que por cierto se muestra actualmente en un museo erótico de la ciudad de San Petersburgo.
Pero a pesar de su desaparición Rasputín siguió muy presente en la Rusia imperial. Antes de ser asesinado predijo el asesinato del Zar Nicolás II y de toda su familia en terribles circunstancias, lo cual, desgradaciadamente, posteriormente sucedió.
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