El escandaloso y triste final de Oscar Wilde

Oscar Wilde

“Que hablen de uno es espantoso, pero hay algo peor: que no hablen”

El escritor Oscar Wilde decía que no existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Y tenía razón. Su nombre está ligado no sólo a sus grandes obras y a su dandismo, también está ligado a sus escándalos de homosexualidad, a su encarcelamiento y su solitaria muerte, pero sobre todas las cosas, al nombre de Lord Alfred Douglas. También conocido como Bosie, era el atractivo y caprichoso hijo menor de John Sholto Douglas, marqués de Queensberry, nada más y nada menos que el hombre que creó las reglas del boxeo.

Oscar y Bosie solían rentar una casa de campo en las afueras, donde el escritor podía dedicarse tranquilo a sus obras y aprovechar la intimidad con su joven amante. Se dice que una tarde fueron sorprendidos por un vecino jugando con agua, ambos completamente desnudos, a lo que Oscar respondió: “Lo que usted está viendo es genuinamente griego”. Su agudeza y seducción le hizo ganarse el repudio del marqués de Queensberry, un hombre que la historia pinta como cruel y violento. Bosie lo repudiaba y más aún cuando uno de sus hermanos se suicidó. Sin embargo, Oscar y el marqués se conocieron, y luego éste lo difamó de sodomita, a lo que Oscar respondió con una demanda por infamia que acabó condenándolo en1895.

Durante su juicio, sus propias obras fueron utilizadas en su contra. El juez le preguntó al escritor, citando uno de sus libros, cuál es ese amor que no se atreve a decir su nombre. Oscar respondió:

El amor que no se atreve a decir su nombre, en este país, es como el afecto de un viejo a un joven, así como fue el amor entre David y Jonathan y tal como lo pueden encontrar en los sonetos de Miguel Angel o Shakespeare. Este profundo y espiritual afecto es tan puro que es perfecto… es hermoso, es delicado, es la forma más noble de afecto. No hay nada sobrenatural en esto y, repito, existe entre un hombre mayor y uno joven, donde el mayor tiene el intelecto y el joven tiene toda la energía, esperanza y glamour de la vida por delante. Esto debe ser así y el mundo no lo entiende.

Condenado a dos años de trabajos forzados en la cárcel de Reading, salió de la prisión devastado económica, física y moralmente. Durante esa ausencia, su esposa Constante había fallecido y sus dos hijos se encontraban exiliados en Alemania.

De la espantosa experiencia en prisión, nacieron dos obras: De Profundis, una extensa carta llena de resentimiento dirigida a Bosie, y La Balada de la Cárcel de Reading, extraordinario poema donde el protagonista es el sufrimiento y la crueldad del mundo carcelario. En esta obra Oscar escribe una de sus más famosas citas, como: “Todos los hombres matan lo que aman, sea esto oído por todos, algunos lo hacen con una mirada amarga, algunos con dulces palabras; el cobarde lo hace con un beso, el valiente con la espada”, sin olvidar que “el que vive más de una vida, más de una muerte debe morir”.

Lejos de regresar a la hipócrita sociedad inglesa, Wilde pasó el resto de sus días en París bajo el nombre de Sebastian Melmoth, acompañado a veces de su incondicional amigo Robbie Ross, quien sostuvo haber sido el primer amante masculino de Oscar y quien permaneció siempre leal a él.

Oscar se reencontró con Bosie pero la relación no funcionó. Su salud estaba deteriorada al igual que su bolsillo. Hospedado en el Hotel d’Alsace, ubicado en el 13 de la rue de Beaux Arts, el día 30 de noviembre de 1900 Oscar Wilde se despidió del mundo con su mordaz genialidad: “El papel tapiz y yo estamos batiendo un duelo a muerte y uno de los dos tendrá que irse”.

Fue enterrado en el cementario parisino de Père-Lachaise y, medio siglo después, su nieto Merlin Holland editó y publicó muchos trabajos sobre su abuelo, quien fue recibido por el mundo ya no como un artista obsceno sino como un genio mártir.

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